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Superhéroes (N.V)

20 may

Presentamos un nuevo programa de animación que permite al usuario vivir la vida de los superhéroes. Como protagonista de esta aventura asumirá el rol de un hombre que oculta bajo su apariencia de normalidad una misión de alcance planetario. Sólo hay una cosa que no debe olvidar para llegar al fin para el que fue elegido y evitar que disminuyan sus superpoderes:

Fijar bien en su memoria el Código del Superhéroe y no olvidarlo por más que aumente el grado de dificultad en las distintas etapas.

  1. El superhéroe no se apropiará de los poderes que le fueron otorgados. Obedecerá, amará y reverenciará a la Fuerza que lo eligió para llevar a cabo la misión.
  2. No escupirá contra el viento ni herirá la mano de quien le alimenta. Tampoco recurrirá a la Fuerza si no está dispuesto a poner los medios para vencer que le fueron otorgados en su momento. Ella acudirá en su ayuda cuando lo solicite con humildad y lo necesite verdaderamente.
  3. Luchará por instaurar el bien en el mundo todos los días pero descansará el día del Sol. Es vital para mantener a tono sus superpoderes. Así lo estableció la Fuerza desde el principio.
  4. Por muchas dificultades que encuentre en el cumplimiento de su tarea, cuidará de quienes le dieron la vida, si no sus descendientes le castigarán con el desprecio. Si olvida sus orígenes perderá el sentido de su misión y de su destino.
  5. No oprimirá el botón de disparar del jostick más que en caso de defensa personal. Su misión es de paz. Respetará la vida de todo ser humano como desea que respeten la suya.
  6. Como todo superhéroe tendrá su chica, pero la amará y protegerá como superhéroe que eres. No se infravalorará ni la infravalorará si quiere ser el primero y el único para ella y no un mono más de la manada. Debe recordar que es un ser evolucionado.
  7. No cruzará al lado de los villanos por fuerte que sea la tentación. Su misión es salvaguardar la ley y la propiedad. Sus bienes son de naturaleza superior.
  8. No mentirá ni engañará. El mundo espera que lo salve de la extorsión y el pillaje.
  9. No pensará ni deseará vivir como un mono (véase el punto 6). Recordará siempre que hay una estrecha relación entre pensar y ser.
  10. Se contentará con sus superpoderes, que son muchos y gratuitos, y no deseará los de los demás.

“Superhéroes” es una versión actualizada y fiel de “M-10”, el portentoso programa distribuido por MOI, cuya garantía de funcionamiento se ha mantenido inalterable  durante cuatro mil años.

(Ésta es mi propuesta de hacer llegar el contenido de siempre a las próximas generaciones una vez que entre en vigor la Ley de Libertad (¿?) Religiosa).

Carnival

16 feb

El sábado en la estación de Santa Justa, al subir las escaleras mecánicas, qué mazazo a la rutina.

 Junto a los baños, un grupo de rotuladores flurescentes Staedtler se aprieta jubiloso para salir en la foto. Más allá, recostados en los bancos, se mustian tres payasos. En el puesto de golosinas, un par de novios punkies juntan sus crestas violetas acaramelados. Y frente al despacho de billetes, dudando si fugarse a Cádiz, cuatro o cinco presos juegan con sus grilletes.

 Enfilo la salida y me cruzo con dos indias sioux que agitan sus machetes en son de guasa gaditana.

La picaresca no es lo mío

12 sep

No soy avispada para la vida práctica, la verdad. No me gusta colarme en los sitios ni suplantar la personalidad de nadie, aunque sea en cosas de poca monta como buscar una buena esquina en Semana Santa, pasar por socia en el videoclub o saltar una valla prohibida.

Tampoco se me daban bien los cambiazos en el colegio ni en la universidad. Echar una miradica al folio del vecino o sacar una chuletita discreta, pase, pero no más. Me sudan las manos, tiemblo y se me pone una cara de culpable que me delata al instante.

En este tipo de cosas no cumplo el tópico hispano del Lazarillo de Tormes -injusto por otra parte. El otro día se lo dijo a X cuando fui a recoger sus pruebas del preoperatorio a una hora en que ella tenía otro médico.

-No te prometo nada.

–Que sí, mujer, y si te dicen que necesitas mi autorización, te das la vuelta y escribes en un folio la fórmula con un garabato que se parezca al mío.

En el camino ensayé. Llegué a la consulta y dije con naturalidad:

-Buenos días, vengo a por los resultados de un estudio preanestésico.

-Muy bien, ¿nombre?

-Fulanita de Tal y Cual. (Hasta aquí bien y sin trolas).

El médico se acercó a un archivador, rebuscó un poco y sacó una carpeta. Antes de volverse tomó un fonendoscopio y lo colocó sobre la carpeta y puso todo sobre la mesa. Después tecleó en el ordenador y levantó la mirada:

–Muy bien. Pues ya lo tenemos. Ahora, póngase de pie ahí que la voy a auscultar.

Al salir llamé a X:

-Oye, yo por ti hago lo que sea… menos operarme.

La niña caprichosa

7 ago

Ayer mi escasa memoria produjo un cataclismo. “Es que estas cosas sólo te pasan a ti”. Una ya lo sabe e incluso se lo dice, pero le fastidia que se lo digan los demás.

Santa Teresa llamaba a la imaginación la loca de la casa. Pero, ¿y ese otro sentido interno, la memoria? Se me ocurre que es una niña caprichosa que olvida lo importante y retiene lo insustancial, lo absurdo, lo dañino. Incluso se dedica a provocar a la imaginación para que se desquicie un poco.

“De lo que te interesa bien que te acuerdas”, decían nuestras madres cuando una señalaba a la mala cabeza como culpable del despiste. Y es verdad, casi por completo. Pero ayer no, ayer me esforzaba por acordarme, por estar en el detalle -que es algo muy poco mío por femenino que sea-, y me equivoqué de una de esas maneras en que se desea echar atrás la moviola o que la tierra se abra bajo los pies para desligarse al fin del espacio y del tiempo.

La cosa es que por más que intento olvidarlo, no se va la sensación de congoja que casi me hizo llorar por el desaguisado. Quizá es que debo retenerlo para aprender. O quizá es el orgullo de palpar los límites. “Acepta tus límites por todas partes -decía Jean Guitton-. El límite da la forma, que es una condición de la plenitud”. O cualquier otra cosa que ahora mismo no recuerdo.

Pepiño Blanco y el agujero negro

6 jun

Había una vez una galaxia; y en la galaxia, un sistema llamado solar, donde todos los planetas –que eran nueve hasta que fueron ocho- giraban en torno a una estrella denominada Sol. Y en el sistema, un planeta pequeño y azul que se llamaba Tierra que hasta hace unos siglos pensaba que era el centro del Universo.

 

Entre los espacios de líquido azul del planeta que no se vertía gracias a la gravedad, había bloques enormes, marrones y sólidos de roca –los continentes- que estaban llenos de plantas, animales y hombres.

 

En la parte norte de uno de esos continentes, los seres humanos o personas llamados norteamericanos, estadounidenses o yanquis, pensaban que cualquier cosa que hicieran tenía repercusión en el resto del planeta. En parte era verdad y en otra parte no. Los terrícolas siempre han creído esto aun cuando se desconocía la existencia de territorios inmensos, como la propia América sin ir más lejos.

 

Pero esas cosas, como digo, pasan: pasó el imperio romano, pasaron los hunos y creció la hierba, y pasaron todos los demás: el imperio donde no se ponía el sol, el imperio austro-húngaro, el imperio napoleónico, el imperio marxista, el imperio nazi…

 

A la sombra de los imperios siempre hay lacayos que viven de la gloria pasajera de sus señores, como la luna recibe la luz del sol, como los parásitos se alimentan de la sangre de otros animales más sanos y poderosos. Y en su demencia pueden llegar a creer que no son parásitos y que, incluso, son causa del éxito de aquellos de quienes viven.

 

Y dicen cosas muy extrañas que todos menos ellos ven y saben. Cosas que provocan la hilaridad y un poco de vergüenza ajena, cosas que se convierten en conversación de café y que son verdaderos hallazgos de la miseria humana, como por ejemplo -así, al azar- ésta que leo en los titulares de los periódicos de España, un país que los americanos del norte no acaban de situar muy bien en el mapa:

 

“Me he resistido en estos últimos meses a confesar públicamente mi simpatía hacia Barack Obama para no interferir en lo más mínimo en el proceso de elección que estaba desarrollando el Partido Demócrata”.

 

Nada hay más ridículo que creer que el centro del universo es el agujero negro del propio ombligo, aunque sea muy pequeño.

 

Pero bueno, eso son las cosas que pasan en este pequeño país de un continente de un planeta de un sistema de una galaxia entre miles.

Hijos de Cabra

13 feb

Me contaba una cordobesa lo acontecido durante un discurso que Franco pronunció con motivo de las fiestas patronales de nuestra Señora de la Sierra de Cabra.

El municipio cordobés siempre da mucho juego. Yo recordaba lo de los egabrenses de Solís, pero esto, la verdad, no lo había oído en la vida, y aún me cabe duda de que no sea una invención maliciosa.  

Se dirigía el Generalísimo a los devotos momentos antes de comenzar la Romería y, ya en el culmen de su intervención, cuando el pueblo apenas podía contener el aliento y el fervor, remató con genial aplomo:   

“Y ahora, hijos de Cabra, id al monte a saludar a vuestra Madre”.      

La anécdota o chascarrillo –que algún entendido lo confirme- me hizo muchísima gracia y ya he comenzado a aplicarla en su vertiente jocosa y nada irreverente, con muy buenos resultados. Hoy, sin ir más lejos, al saber de la perorata de ZP en la antigua iglesia de San Pedro Mártir de Toledo, ante un crucifijo y bajo el lema “Razones para creer”. (Debería de aprender el presidente de sus antecesores lo arriesgado de mezclar churras con merinas, ovejas con cabritos, y lo mundano con lo celeste).  

A partir de ahora cuando algún episodio político me levante el estómago y me hunda la moral, en lugar de desquitarme con palabras gruesas y malsonantes, utilizaré la frase de marras, que, además de ser sugerente y fina le deja a un espíritu libre como el mío un gustirrinín de licencia transgresora, políticamente incorrecta y hasta escandalosa.   

Hijos de Cabra… –y que me perdonen los egabrenses.

Greatest hits “Gibraltareña” (nv)

13 feb

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El último grito musical en Londres es una versión actualizada de aquella canción de Los Tres Sudamericanos que hizo furor en España a finales de los sesenta y que ahora se baila con frenesí hasta en el 10 de Downing Street.   

De aceite y de chapapote se viste el mar
hay risas en las casitas de Whitehall.
Narbona mostró el camino de la verdad
por eso le estoy cantando a su libertad.
 

 Gibraltareña, gibraltareña
fueron muchas noches las que soñamos
con nuestro amor.

Gibraltareña, gibraltareña
cruzaré tus aguas para besarte
junto al peñón.


Ole, ole y olé, ole, ole y olé
hundido con el New Flame brindaré.

La bolsa o la vida

22 ene

Este año bisiesto es muy ladino, nos engaña con la inflación de un día más en el calendario y por detrás nos devalúa un par de estaciones.  

Ayer los gatos se dieron un baño de sol memorable en la lona de la pérgola del garaje mientras los naranjos dudaban entre conservar su fruto tardío o abrir ya la flor de azahar.

En pleno mes de enero, el anticiclón extiende un cobertor estival a la hora de la siesta acaso para ocultarnos el oscuro panorama de los mercados financieros.  

Y el 6 de febrero, Miércoles de Ceniza.

Difícil repunte tiene esto.

Etología de una humillación

14 dic

Entre el arreglo del portón de entrada y un compromiso al final de la tarde me queda apenas hora y media para departir con Rocío y Carlos, que ha venido unos días a Sevilla por auto-prescripción médica. Recurro a la bicicleta para sortear los problemas de transporte proverbiales ya en esta ciudad.  

En la puerta intuyo que algo extraño le ocurre a mi medio de locomoción pero no logro adivinar qué es. Al tiempo cruza por mi mente el pensamiento de que estoy muy chic con este look años sesenta, casualma non troppo’. Me calzo los guantes y el gorro de angora negro. 

Sigo pensando que algo raro le ocurre a mi bici. Estudio el nivel de las ruedas: parecen hinchadas, pero el manillar queda demasiado bajo esta vez y no sé porqué. Intento subirlo y la situación no mejora. Debe ser la rueda que no está alineada…  

Un señor que ha aparcado enfrente de casa saca la cabeza por la ventanilla del copiloto y grita: ¡La rueda delantera! Lo miro y miro después la rueda. Niego con la cabeza. Insiste solícito: ¡Al revés!… Alzo los hombros.

El hombre se baja del coche y añade un poco apurado: ¡Llevas el manillar al revés! Bajo el gorro me ruborizo. ¡Qué vergüenza! Desconcertada y con ganas de salir ya del compromiso doy una vuelta más al manillar pero en el mismo sentido y los cables de los frenos se retuercen.  

¡Hacia el otro lado! Creo que el señor comienza a arrepentirse de ayudarme. Un poco más lejos las niñas del colegio vecino me miran extasiadas. Le doy las gracias al conductor porque parece buena persona. Podía haber esgrimido el clásico argumento machista y no lo ha hecho. Sonríe comprensivo y eso hace que me sienta peor.  

Aliviada me subo a la bici y enfilo el carril. Las niñas no dejan de observarme. Les sostengo la mirada con descaro y al pasar junto a ellas espeto: ¿Pasa algo? Están tan perplejas que ni se ríen ni me miran con desdén.  

De pronto el gorro me hace sentir culpable. Creo que todas las mujeres de mi entorno deben estar pensando que acabo de tirar por tierra la lucha feminista de décadas. Me lo quito de un tirón y me aplico al pedaleo, porque ya voy tarde.  

En el bar, con Rocío y Carlos se me olvida el episodio y eso que tengo la humildad de confesarlo en tono jocoso. Para compensar pido una cerveza. Rocío pide una fanta de naranja y Carlos una menta poleo. He tenido que dejar la bici fuera contra mi voluntad porque hay tres individuos de aspecto sospechoso que no me gustan nada.

Pasamos un buen rato charlando pero llega pronto la hora de marcharme. Me despido y voy a por la bici. Dudo si ponerme o no el gorro. Hace frío, así que me lo calzo confiada.

Cuando salgo del recinto a punto estoy de matarme. Los frenos no funcionan. Pienso en los tres tipos de la entrada, pienso en el mal fario que sin querer se ha traído Carlos de Canarias, como quien se trae un virus, pienso si la culpa será del gorro. Y acabo concluyendo que probablemente tenga algo que ver con el maltrato al que he sometido a la bici esta tarde.

Fracturas irreparables

3 dic

Una no puede evitar preguntarse por qué tantas condenas y tantas promesas de unidad frente al terrorismo precisamente ahora. 

Aunque quisiera alimentar buenos sentimientos no puede negar la evidencia de una sombra de sospecha electoralista cuando ve esa sonrisa que se troca en rictus; cuando escucha expresiones tan sorprendentes como “encuentro casual” o ”acto no premeditado”; cuando toca los paños calientes con los que se envuelve la ilegalización de ANV, y cuando la memoria le señala las pruebas irrefutables de injurias a las víctimas, ausencias políticas injustificables y faltas de protección para quienes entregan a diario su vida por defendernos.

Tanto va el cántaro a la fuente que al final… se rompe la fuente, me decían en la facultad. Tratábamos entonces de la fuente informativa. Ojalá fuera el cántaro el que se rompiera, porque al cabo se sustituye por otro, pero no, lo grave es que se rompe la fuente, la fuente, en este caso, de la democracia, de la confianza en las instituciones, del orden social.  

Y junto a la sombra de la sospecha, se alzan las de la impotencia, el desasosiego y el malestar, como tóxicos nubarrones que pugnan por sumir a España en una oscuridad densa que oculta a los ojos el sol del porvenir.

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