Una noche de resaca al tratar de despertar/
note que por el ombligo me empezaba a desinflar/
que mi cuerpo se arrugaba como un papel vegetal/
e iba pasando, que curioso, al estado gaseoso.
Me ha venido a la cabeza esta canción de Mecano, ahora que el musical de Nacho Cano nos resucita los iconos de nuestra adolescencia. Y he pensado, no sé porqué, en ese último aliento de Inmaculada Echevarría que se fue por el ombligo de la traqueotomía y la ha dejado transformada toda ella en “aire volador”.
Cuantas más vueltas le doy, cuantos más análisis de expertos leo -con sus extrañas y contradictorias conclusiones-, más paralelismos encuentro entre la canción y el caso. Aquella canción era la narración eufemística de un suicidio, y la eutanasia, un eufemismo llevado al extremo del absurdo: un suicidio asistido por quien supuestamente se dedica profesionalmente a proteger las vidas de los demás.
Este cuarto es muy pequeño/ para las cosas que sueño, decía Ana Torroja en su canción y probablemente lo diría también Inmaculada después de nueve años encadenada a su respirador. No la culpo. Los seres humanos respiramos unos 500 millones de veces en la vida. ¡Si tuviéramos que pensar en ello cada vez que lo hacemos!: “Ahora inspiro. El oxígeno penetra en la nariz, desciende por la traquea hasta los pulmones, entra en los alvéolos donde se produce el intercambio entre los alvéolos y la sangre y regresa al exterior convertido en dióxido de carbono. Otra vez. Inspiro…”.
Inmaculada debía pensar en ello cada vez que el aire entraba por el orificio de su garganta. Y soñaría con ser aire, libre, “sin forma definida” y sin respiradores artificiales.
La pregunta que me ronda todo el tiempo como un viento recurrente de levante es: ¿quién soñaría con Inmaculada? ¿Por quién podría ella decir te amo cada vez que respiro?
No la culpo. Culpo a su entorno, a quienes no supieron quererla y darle motivos de esperanza. Culpo a los gobiernos hipócritas que autorizan retirar un medio vital para conservar la vida de una enferma al tiempo que se pliegan al chantaje autolesionador de un etarra irredento.
Aire. Pienso en el estertor de Inmaculada y en el suspiro de alivio de De Juana Chaos al conocer la decisión del Gobierno de concederle prisión atenuada y en el aire enrarecido que se respira en España.
Y me ahogo.
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