…que no escribo en el blog. De ellos, diez por crisis, por falta de liquidez de ideas. Los otros veinte, por exceso de alegría.
Cada vez me cuesta más escribir si estoy triste o preocupada o si estoy contenta y serena lo cual empieza a ser un problema irresoluble, aunque lo bueno de un problema sin solución es que deja de ser automáticamente un problema.
En esta segunda fase de mis vacaciones no me he ido a ningún paraíso, con excepción de una revisita idílica a la arcadia del sur: Lagos, en el Algarve portugués.
A veces el verano perfecto te espera a la vuelta de la esquina, a pocos kilómetros de tu nariz, en ese destino asfáltico de vecindades ruidosas, que brinda arañazos de sueño, calor generoso y escasa soledad.
Pero bastan unas cuantas personas buenas y sencillas, y un chispazo de humor inteligente para hacer único lo cotidiano, original lo evidente, amable lo costoso. Surge la felicidad como el lirio en el estercolero.
Ahora ha llegado septiembre. El mes de los propósitos. El primero, puesto que ya no existe problema: volver a extender mis torpes brochazos de vida en este lienzo virtual.



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