En la calle Valparaíso. De frente, por la acera estrecha, con paso de marcha atlética y gesto triunfal, viene un señor de pelo cano. Calza deportivas y viste camiseta de tirantes y pantalón corto. En el puño lleva agarradas unas varas de nardo envueltas en celofán. La antorcha olímpica del esposo fiel.
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"Igual que los demás, naciste en cautiverio, en una prisión que no puedes ni oler ni saborear ni tocar. Una prisión para tu mente. Por desgracia no se puede explicar lo que es Matrix. Has de verla con tus propios ojos. Esta es tu última oportunidad. Después, ya no podrás echarte atrás. Si tomas la pastilla azul, fin de la historia: despertarás en tu cama y creerás lo que quieras creerte. Si tomas la roja, te quedas en el País de las Maravillas y yo te enseñaré hasta dónde llega la madriguera de conejos. Recuerda, lo único que te ofrezco es la verdad. Nada más. Sígueme."
De lo mejor que has escrito Cristina.
Muchas gracias, Víctor, aunque, a decir verdad, es…de lo mejor que “he visto”.
Es curioso que ayer viera dos cantos tan hermosos sobre el matrimonio para toda la vida.
El primero tu escrito y el segundo el film Up. Cristina si no has visto Up tienes que verla cuanto antes. Es imprescindible y más en estos tiempos de filmes tan mediocres en la cartelera. Un abrazo.
¡Prometo verla!
Realmente es buena, tu entrada…