• Puente de mando

    Cristina Abad. Sevilla. (España)
  • Carta de navegación

  • Sin Perdón

    -Si le he dicho que no, no ha sido por que tenga marcas en el cuerpo y en la cara.

    Lo que le dije la otra mañana de que se parecía a mí no es verdad. Usted no es fea como yo, sólo que ambos tenemos cicatrices.

    Usted es una mujer muy hermosa y si quisiera un servicio gratis la elegiría a usted antes que a las otras dos. Sólo que no puedo… por respeto a mi esposa.

    -¿Su esposa?

    -Si, verá…

    -Es digno de admiración por ser fiel a su esposa. He conocido a muchos hombres que no lo son.

    -Sí, supongo que sí.

    -¿Ella vive en Kansas?

    -Sí…, sí. Se ha quedado cuidando a mis hijos.

    (William Manny -Clint Eastwood- a la prostituta marcada por dos vaqueros cobardes).

  • Morfeo a Neo en Matrix

    "Igual que los demás, naciste en cautiverio, en una prisión que no puedes ni oler ni saborear ni tocar. Una prisión para tu mente. Por desgracia no se puede explicar lo que es Matrix. Has de verla con tus propios ojos. Esta es tu última oportunidad. Después, ya no podrás echarte atrás. Si tomas la pastilla azul, fin de la historia: despertarás en tu cama y creerás lo que quieras creerte. Si tomas la roja, te quedas en el País de las Maravillas y yo te enseñaré hasta dónde llega la madriguera de conejos. Recuerda, lo único que te ofrezco es la verdad. Nada más. Sígueme."

Hombre rico, hombre pobre

En el salón del viejo hotel contemplábamos el azul de la piscina como una punta de pincel que daba color al Atlántico.

El pianista hablaba por teléfono móvil. Parecía una cita con amigos o la conclusión de un negocio. La fealdad del hombre y lo anacrónico del hecho amenazaban con hacer añicos aquel espacio consagrado por décadas de bailes, amores y desamores. Sentadas en el sofá aguardamos la caída del sol y de las manos sobre el teclado.

En los primeros compases reconocí melodías de los años cuarenta, cincuenta. “Azul, la mañana es azul”. Hubiera sido necesario que el pianista no tuviera esa barba rala, que peinara hacia atrás, y fuera joven y llevara chaqueta blanca con pajarita, y que aquel salón apenas poblado por nosotras y por algunos clientes en chanclas y bermudas se transformara en una pista de baile.

“A esto se deben dedicar las herederas ricas, esa gente que no sabe en qué ocupar su tiempo”, dijo Ana.  “Estaba soñando –añadí- pero no en mi vida sino en guiones de películas: Casablanca, Tener y no tener”.

Después nos acercamos al Balneario de la Palma.  El sol se daba los últimos retoques sobre el mar antes de su diaria puesta de largo.

Nos sentamos en un banco a ver el espectáculo con una cerveza muy fría entre las manos y nuestros bocadillos preparados. Algunos transeúntes miraban al mar, casi todos extranjeros, otros nos miraba a nosotras. “El escenario es por ahí”, señalé a una señora absorta en nuestros preparativos. “Debemos dar una impresión un poco extraña”.

Me acordé de aquellos atardeceres con mis padres, aplaudidos día a día, mes a mes, año a año.

“Hombre rico, hombre pobre”, dijo Ana.

3 comentarios

  1. feliz dia de santo, escritora!

  2. Felicidades en tu santo!!! Por aqui, también te felicito.

  3. Gracias por recordarme, amigas mías, y por hacerme llegar vuestro afecto.

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