Antonio Machado comienza su Juan de Mairena con la siguiente sentencia dialogada:
La verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero.
Agamenón.- Conforme.
El porquero.- No me convence.
Con ella expresa que la verdad tiene su propia voz por encima de lo que piense y diga alguien tan sublime como el rey de Micenas y jefe de las fuerzas griegas en la guerra de Troya o alguien tan humilde, e incluso abyecto, como pueda ser considerado el cuidador de sus cerdos.
Llamazares trajo a colación el texto al castigarnos ayer con su versión cutre y vil en el Congreso de los Diputados:
“El aborto es un derecho, lo diga Agamenón o su porquero”.
Además de asestarle un navajazo trapero disfrazado de bisturí quirúrgico a la literatura, Gaspar -que no es ni héroe griego, ni coordinador general ni tan siquiera porquero-, se atreve a manchar de sangre las luminosas vestes de la verdad.
Diga lo que diga uno de los dos únicos representantes nacionales de esa especie política en extinción a la que algunos llaman con sorna Izquierda Hundida, la verdad es que el aborto es un crimen, un drama social y un delito.
No lo digo yo. Lo dice el mismo Machado al que cita:
¿Tu verdad? No, la Verdad,
y ven conmigo a buscarla.
La tuya, guárdatela.
Y aunque no lo dijera.
"Igual que los demás, naciste en cautiverio, en una prisión que no puedes ni oler ni saborear ni tocar. Una prisión para tu mente. Por desgracia no se puede explicar lo que es Matrix. Has de verla con tus propios ojos. Esta es tu última oportunidad. Después, ya no podrás echarte atrás. Si tomas la pastilla azul, fin de la historia: despertarás en tu cama y creerás lo que quieras creerte. Si tomas la roja, te quedas en el País de las Maravillas y yo te enseñaré hasta dónde llega la madriguera de conejos. Recuerda, lo único que te ofrezco es la verdad. Nada más. Sígueme."
el aborto es un crimen. Sí señor.
que fuerte…