
El sábado volví a ver Hace mucho que te quiero, del francés Philippe Claudel y me reafirmé en mi primera impresión. También me acordé de que hace un mes prometí escribir algo sobre ella y no he cumplido.
Juliette (magnífica y tristísima Kristin Scott Thomas),obtiene la libertad tras pasar quince años en la cárcel y se reúne con su hermana menor Léa (Elsa Zylberstein, personaje principal cuya bondad ilumina la película de cabo a rabo), que la acoge en su casa de Nancy donde vive con su marido Luc, sus dos hijas adoptivas y el suegro.
Juliette intenta incorporarse a la vida profesional y superar el rechazo de sus padres por el crimen por el que fue condenada a la pena capital. En el trato con la hermana, en su contacto con la sencilla vida familiar no exenta de situaciones dramáticas (la procesión de Léa va por dentro), con amigos como Michel, capaz de recomponer con paciencia y amor los pedazos de su alma rota; la hermana mayor descubre el camino que conduce fuera de una prisión más dura que la del cuerpo: la prisión de la mente.
La película es enorme. Por su guión -se nota que el director y guionista es escritor, además de profesor y antropólogo, cosa que también queda patente en el tratamiento de la historia y en la ambientación. Por el tempo que no anticipa nada y suministra con el cuentagotas de la vida misma los detalles del drama, por la humanidad que destila el argumento y por la creíble actuación de sus personajes principales (Juliette, Léa, Michel, el capitán de la policía) y secundarios (el abuelo, las niñas, el director del hospital donde comienza a trabajar).
Afortunadamente en esta ocasión no hubo el debate de la primera a cuenta del colofón de la película. Hay quien se empeña en ver fantasmas donde no los hay. La película no habla de “eso”. La película habla de la muerte, la soledad, la incapacidad de abrirse al otro, la confianza, la familia como necesario lugar de acogida, el sentido de culpa, la amargura. Y lo hace sin moralinas ni explicaciones para tontos. El que pueda entender, que entienda. Y el que no, que se replantee su sitio y su función en este mundo lleno de seres tan imperfectos como necesitados de misericordia.
Archivado bajo: Amor, Cinema Paradiso, Esperanza, Redención, familia
"Igual que los demás, naciste en cautiverio, en una prisión que no puedes ni oler ni saborear ni tocar. Una prisión para tu mente. Por desgracia no se puede explicar lo que es Matrix. Has de verla con tus propios ojos. Esta es tu última oportunidad. Después, ya no podrás echarte atrás. Si tomas la pastilla azul, fin de la historia: despertarás en tu cama y creerás lo que quieras creerte. Si tomas la roja, te quedas en el País de las Maravillas y yo te enseñaré hasta dónde llega la madriguera de conejos. Recuerda, lo único que te ofrezco es la verdad. Nada más. Sígueme."