Qué difícil leer bien. De párvulos aprendimos a juntar palotes que formaban letras que formaban palabras que formaban párrafos que formaban textos, y a la vuelta de los años, ya con canas incluso, cada libro sigue siendo un jeroglífico por descifrar.
Según la imagen que uno escoja así va la lectura: un mar proceloso, una selva, una partitura. Hay gentes respetabilísimas y eminentísimas que leen peor que niños de cinco años y tienen que ayudarse del índice para marcar los renglones. Parecen barcos baqueteados por las olas, empeñados en surcar las aguas contra marea y a toda máquina; o bosques abiertos a machete llenos de caminos falsos que conducen a ninguna parte.
Seguramente en España hemos leído poco y mucho menos en alto. Atrás quedan los cuentos al borde de la cama, los ratos de costura acompañada de un buen libro. Eso fue antes de la radio y de la tele. Tanto que lo que viene a la mente, casi, es el recuerdo foráneo de un salón victoriano de cretonas floreadas.
A mí, la imagen que más me gusta es la de la partitura. Ante un texto hay que presentarse con el respeto reverencial de un director de orquesta. Lo primero que hace falta es humildad y después cierto oído.
Es preciso concentrarse unos segundos para afinar los instrumentos, que, como en la música, son de viento, de cuerda y de percusión: el vientre, las cuerdas vocales, los orbiculares de los labios. Todos son necesarios. Leer no es dominar, es interpretar. Hay que ser fiel a la partitura y sacarle toda su potencialidad con un poco de amor y de virtuosismo.
A la señal de la batuta interior, se tocan los primeros compases de la obertura, con suavidad, la mayoría de las veces. Luego, se conduce uno por el texto según sugieran las palabras que son las notas, de manera que se pueda anticipar el final de una entonación imprevisible, imprimir más o menos ritmo a un fragmento, respetar unos puntos suspensivos, marcar una sílaba, soltar la traba de otra.
Así, poco a poco, se desarrolla la sinfonía de la lectura y al escucharla somos capaces de trascender lo escrito y recrear otros espacios y otros tiempos, de vivir otras vidas, de nacer y morir infinidad de veces, tantas como libros, como personas.
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"Igual que los demás, naciste en cautiverio, en una prisión que no puedes ni oler ni saborear ni tocar. Una prisión para tu mente. Por desgracia no se puede explicar lo que es Matrix. Has de verla con tus propios ojos. Esta es tu última oportunidad. Después, ya no podrás echarte atrás. Si tomas la pastilla azul, fin de la historia: despertarás en tu cama y creerás lo que quieras creerte. Si tomas la roja, te quedas en el País de las Maravillas y yo te enseñaré hasta dónde llega la madriguera de conejos. Recuerda, lo único que te ofrezco es la verdad. Nada más. Sígueme."
¡Impresionante concierto Cris!… Gracias por compartir tan exquisita comparación.