- A ver… lavar, cortar, mechas, mascarilla: x euros.
- ¿Y por el portal de belén con lucecitas parpadeantes entre champús del stand de kerastase?, ¿y por la atención más que esmerada al cliente y los caramelos dobles virginia de mi infancia? ¿Y por las tres horas de lectura ininterrumpida que me han permitido acabar Mal de escuela?
Corrijo la entrada de ayer. Empatía es palabra insuficiente, en el ámbito docente y en cualquier otro.
Es esa otra palabra que “no puedes ni siquiera pronunciar” sin que te linchen. Pero para saberlo hay que leer a Pennac… o pasarse por mi peluquería, por ejemplo.
"Igual que los demás, naciste en cautiverio, en una prisión que no puedes ni oler ni saborear ni tocar. Una prisión para tu mente. Por desgracia no se puede explicar lo que es Matrix. Has de verla con tus propios ojos. Esta es tu última oportunidad. Después, ya no podrás echarte atrás. Si tomas la pastilla azul, fin de la historia: despertarás en tu cama y creerás lo que quieras creerte. Si tomas la roja, te quedas en el País de las Maravillas y yo te enseñaré hasta dónde llega la madriguera de conejos. Recuerda, lo único que te ofrezco es la verdad. Nada más. Sígueme."
Cris, ¡¡¡estás guapísima!!!! Vaya bellezón. Ya nos dirás el nombre de tu peluquería, por supuesto que voy a ser clienta.
¿”Mal de escuela” te lo dejan allí— en vez de Hola & Cía— o te llevas de casa?
Gracias por el piropo. La peluquería es Chesgar (edificio La Estrella). Y el libro me lo llevé de casa. Hace tiempo que las revistas del corazón me deprimen muchísimo. Si fuera de la peluquería sería para ponerles un monumento. Oye, pero quién eres, que no caigo.
Lo del libro era broma… El día que me encuentre a Pennac en una peluquería…
Dos pistas: nos hemos visto a las 8 de la mañana (muuuuuy temprano) y… soy compañera guebera. ¿Ya?
Suponía que eras tú, pero lo de meliss me ha despistado. ¿Y eso?