Como las malas noticias, las averías no vienen solas. De vez en cuando la vieja casa se declara en huelga, se pone patas arriba y decide que ya está de servir discreta y eficazmente para luego aguantar quejas y protestas por los pasillos.
Y un buen día, como los viejos se vuelven niños, la casa se pone a morir y refunfuña por las bisagras: “ya me echarán de menos, ya”. Cae la noche y se estropea el termo de agua caliente. Al día siguiente no funciona la puerta de la calle y al otro se inunda el sótano de aguas fecales.
La casa ha pasado a convertirse en tema principal de las conversaciones familiares y cruje las ventanas de satisfacción. La tarde es un desfile de operarios.
Le gusta oír al herrero que le ha puesto una cerradura brillante como un broche y dice que no puede ajustar más la puerta porque se desmiente la garra; o al varillero que le hace cosquillas y lleva un rato buscando la arqueta madre. O a Diego, el mantenedor, que viene a darle unos retoques.
Ella se deja querer en silencio hasta que con tanto mimo se le pasa el malhumor.
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"Igual que los demás, naciste en cautiverio, en una prisión que no puedes ni oler ni saborear ni tocar. Una prisión para tu mente. Por desgracia no se puede explicar lo que es Matrix. Has de verla con tus propios ojos. Esta es tu última oportunidad. Después, ya no podrás echarte atrás. Si tomas la pastilla azul, fin de la historia: despertarás en tu cama y creerás lo que quieras creerte. Si tomas la roja, te quedas en el País de las Maravillas y yo te enseñaré hasta dónde llega la madriguera de conejos. Recuerda, lo único que te ofrezco es la verdad. Nada más. Sígueme."
y qué casualidad siempre suelen refunfuñar en vísperas de fiesta, jeje
Mucho ánimo!
¿Todo a la vez…?
Casi, casi