Sigue la cita y mi admiración. Y se reaviva el remordimiento por no haber releído El Quijote en este trimestre según lo tenía pensado… desde que lo pospuse en septiembre:
(…) También a Segismundo Freud se le escapo esta clase de humor, el humor español. Afirma en su obra Der Witz que El Quijote no es una obra humorística , sino meramente jocosa o chistosa.
El Quijote es una obra jocosa en la superficie, pero es humor medular en su concepción, en la invención. Cervantes se autoproclamó –con mucha razón- “en la invención el primero de España”; y es la invención justamente –más que la composición y el estilo- el dominio del genio. La invención de El Quijote (esconder detrás de una sátira de los libros de caballería el alma de la historia de Europa, y la escondida alma y motor de Europa y del alma humana) es genial; y hace del libro del manco “la novela más grande del mundo”, la obra maestra del arte de la Contrarreforma; y si se quiere, la alegoría cristiana más importante que se conoce después de las parábolas de Cristo, más profundamente religiosa que La vida es sueño. Un místico no tiene más que hacer de Dulcinea figura de la gracia o el amor de Dios, para convertir la novela en un libro teológico, como apuntó Unamuno, y Jerónimo del Rey en su libro inédito –inacabado e inacablable- Su Majestad Dulcinea. Porque el humor medular es una forma natural de expresión de la religiosidad. Aunque parezca mentira, la parábola y la paradoja son más religiosas en cierto modo que el silogismo y el sermón. Si yo dijera que El Quijote es un libro en cierto modo más religioso que Los nombres de Cristo, ¿se reirían de mí? Sí. Pues por eso no lo diré.
En la gran parábola de Cervantes, la sabiduría –que es el Ideal, y es nobleza y es vida- ha sido encarnada paradojalmente en un loco; y lo que el mundo llama sabiduría –“la listura de la finitud”, que dice Kirkegor- está encarnada humorísticamente en un palurdo. Mas esas dos sabidurías, contrarias según San Pablo, no rompen entre sí ni riñen: vagan por el mundo existencialmente unidas, y el realismo zoquete es forzado a someterse al idealismo destornillado; que loco y todo resulta su amo, e incluso a disciplinarse y darse azotes por él. Lutero se levantaba en ese tiempo contra las “disciplinas” de los monjes: Cervantes encuentra que las disciplinas están bien, pero en Sancho. Don Quijote lleva en sí una más alta disciplina, la disciplina interior, su fe. Lutero fue un quijote sin sancho, la “fe sin obras”; y eso fue su lástima.
El humor medular de El Quijote consiste en que representa plásticamente una de las paradojas del cristianismo, quizá la paradoja fundamental. La fe en efecto no es sino la persecución de un absurdo: quiero decir de una cosa que para la razón pura es sin sentido, aunque no sea contrasentido.
La fe sería locura pura si no llevara siempre a rastras consigo al sentido común. La persecución inalcanzable de Dulcinea, eso es la fe; y Dulcinea existe, aunque no donde El Quijote y nosotros nos imaginamos.
Archivado bajo: Cristianismo, Humor | Etiquetado: Castellani
"Igual que los demás, naciste en cautiverio, en una prisión que no puedes ni oler ni saborear ni tocar. Una prisión para tu mente. Por desgracia no se puede explicar lo que es Matrix. Has de verla con tus propios ojos. Esta es tu última oportunidad. Después, ya no podrás echarte atrás. Si tomas la pastilla azul, fin de la historia: despertarás en tu cama y creerás lo que quieras creerte. Si tomas la roja, te quedas en el País de las Maravillas y yo te enseñaré hasta dónde llega la madriguera de conejos. Recuerda, lo único que te ofrezco es la verdad. Nada más. Sígueme."
Muy brillante y bien escrito, aunque no sé hasta qué punto tenga razón. Definitivamente, he de comprarme el libro. Gracias, Cristina.
Yo tampoco, aunque es sugerente. Te advierto que la primera parte, más política, se me indigestó un poco por cáustica.
Esta de El Quijote pertenece a la segunda, sobre visiones de España, que estoy terminando.
Sospecho que de ahora en adelante me va a enganchar bastante.
Pues de ti depende que me lo compre o no. Ya me dirás.
Algunos artículos son geniales, otros interesantes y/o polémicos. Como poco da para un buen debate. Me gustaría que lo leyeras.