De “Cómo sobrevivir intelectualmente al siglo XXI”, antología de artículos de Leonardo Castellani, recopilada por Juan Manuel de Prada, os desayuno con este sabroso texto.
En estas Navidades fue a ver el “pesebre” de mi parroquia; y el pesebre me hizo sonreír; y eso que era como para llorar. Reír y llorar junto, eso es humor.
Cronin ha dicho en alguna parte que Cristo carecía de sentido del humor. Sería raro, porque, según Aristóteles, el humor es propio del hombre magnánimo (magnanimus utitur eironeia, dice en la Ética).
Monseñor Piccirilli, con otros varios, se ha escandalizado de que Cronin diga que Cristo careció de una cosa que tuvo el Buda. Ello invita pues a la reflexión. El escándalo es la provocación a la fe, por la puerta de la reflexión. Monseñor Piccirilli puede llegar también a la fe.
Vamos a tranquilizarlo. Cronin o no conoce el humor o no conoce a Jesucristo.
(…) Bajemos la reflexión al planterreno: es un caso análogo al del humor español… César Pico sostuvo en una conferencia en Madrid que el español carecía del sentido del humor, cosa que medio amostazó a algunos madrileños. Otro argentino que andaba por allí los desagravió en otra conferencia, sosteniendo: no se puede decir eso así, no más de una gente que ha dado a Cervantes, Velázquez, Tirso, la novela picaresca, los autos sacramentales… y Unamuno… y Gómez de la Serna. Lo que pasa es que el humor español no es como el humor inglés. ¡Me olvidaba del gran Julio Camba!
El humor español (sorna, baya, cazurrería, socarronería, disimulo, retrechería, trastienda, carientismo, tonillo, sonsonete, retintín, parodia…) es algo así como si dijéramos medular, por no traer el vocablo pretencioso de trascendental: él está más en los caracteres que en los dichos, más en las situaciones que en los caracteres y más en los choques profundos de los principios que en las mismas situaciones. En las entrañas anda más bien que en la epidermis; y gusta de tocar las cosas más importantes y explosivas, como el amor, el hambre, la horca, la prostitución, el diablo y los curas; no menos que al mismo Dios, si a mano viene.
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"Igual que los demás, naciste en cautiverio, en una prisión que no puedes ni oler ni saborear ni tocar. Una prisión para tu mente. Por desgracia no se puede explicar lo que es Matrix. Has de verla con tus propios ojos. Esta es tu última oportunidad. Después, ya no podrás echarte atrás. Si tomas la pastilla azul, fin de la historia: despertarás en tu cama y creerás lo que quieras creerte. Si tomas la roja, te quedas en el País de las Maravillas y yo te enseñaré hasta dónde llega la madriguera de conejos. Recuerda, lo único que te ofrezco es la verdad. Nada más. Sígueme."
Bravo.
Y no pensaba comprarme el libro, pero ahora sí.
Mañana cuelgo la continuación de la cita sobre El Quijote y el humor cervantino. Es posible que te den todavía más ganas de comprarlo.
Tengo que confesar que la primera parte me ha convencido poco. Pero ahora que me he embarcado en el segundo epígrafe me está gustando más. Ya te contaré.
Un hombre que sugirió poco más o menos que Juan Ramón Jiménez era un maricón amanerado y un grandísimo bluff de la literatura… No sé, me recuerda a la típica tirria que nos tienen los argentinos.