Café, necesito más café. No el purgante gélido que ingiero nada más despertar y que me da las fuerzas justas para encender el piloto automático; ni el ‘mediocafé’ con leche del desayuno que acaba de arrancarme del estado postraumático; ni el cafelito de la sobremesa que me sume en un letargo gatuno y pide a gritos el placer de la copa y el puro que no llegan.
¡Qué lejos de la verdad Mamá Inés, y Juan Luis Guerra y Juan Valdés! ¡Qué lejos los médicos agoreros! Nos han robado el talismán, el bálsamo de Fierabrás, la pócima de Astérix. Resulta que tengo un montón de problemas presentes y futuros que resolvería con una o dos tazas más de café.
Con más café, dice el reciente estudio “The Caffeine Advantage”, mejoraría mi maltrecha creatividad, la memoria próxima y la agudeza intelectual; perdería peso, mejoraría mi rendimiento atlético, afrontaría mejor los muchos momentos de fatiga, me adaptaría mejor al jet-lag, me deprimiría menos, aumentaría mi velocidad de reacción al volante o incluso frente a un toro, y estaría vacunada contra el cáncer de hígado y colon, la diabetes tipo 2 y el Parkinson.
Tanto progreso para advertir ahora las ventajas que bien conocían las cabras del pastor etíope Kaldi, allá por el año seiscientos, y el abad del monasterio –un ejemplo más de la relación entre cristianismo y progreso- y Mahoma, según cuenta la leyenda, y Balzac, Beethoven, Napoleón…
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"Igual que los demás, naciste en cautiverio, en una prisión que no puedes ni oler ni saborear ni tocar. Una prisión para tu mente. Por desgracia no se puede explicar lo que es Matrix. Has de verla con tus propios ojos. Esta es tu última oportunidad. Después, ya no podrás echarte atrás. Si tomas la pastilla azul, fin de la historia: despertarás en tu cama y creerás lo que quieras creerte. Si tomas la roja, te quedas en el País de las Maravillas y yo te enseñaré hasta dónde llega la madriguera de conejos. Recuerda, lo único que te ofrezco es la verdad. Nada más. Sígueme."
eres simplemente genial. Lo que me he reído…
Te intuyo muy aplicada en la BNE. Ya me contarás. Gracias por las risas.
El único poema de un tío bisabuelo mío fue al café:
Hazme promesa formal
de no faltarme en la vida
porque eres una bebida
para mí fundamental.
Gracias por la entrada, por los links, por todo.
Tu tío bisabuelo y yo hubieramos sido buenos amigos. El agradecimiento es mío por la visita virtual.