Huracán Palin

Me gusta Palin. No tanto como a Sánchez Dragó que estaría dispuesto a entregarle sus ahorros y dejarle poner el cepillo de dientes en su lavabo; no hasta el aturulle, el embeleso y la hipnosis, ni como Dante a Beatriz en el Puente del Arno, pero me gusta esta hockey mom, alaskiana y madre de cinco hijos. Por su estilo, etiquetado de puritano-sexy, y por la frescura con que defiende sus ideas hasta el punto de sumir en la perplejidad a las feministas, que ya no saben si han de temblar por que una mujer así pueda convertirse en vicepresidenta o aplaudirle por romper el techo de cristal.

La admiro porque se fugó para casarse con su novio a los veinticuatro años, lleva veinte años felizmente casada y la vida no le ha ahorrado sinsabores; porque está en contra de equiparar las uniones homosexuales al matrimonio y reconoce que su mejor amiga es lesbiana; porque se autodenomina feminista y está en contra del aborto y porque no es pro-life de las que luego, cuando el problema llama a su puerta, aborta a escondidas, sino que se siente –y lo dice- “bendecida por Dios por tener un hijo Síndrome de Down” -¡toma ya!-, y es la primera en salir a los leones de la opinión pública para anunciar que su hija de 17 años está embarazada, que le tocará madurar antes de tiempo pero que contará con todo el apoyo familiar. Y por muchas cosas más, entre las que no se encuentran ni su posición favorable a la pena de muerte y a la guerra de Irak ni sus insultos a Obama. Pero nadie es perfecto. Tampoco los candidatos demócratas a la presidencia y a la vicepresidencia.

Creo que lo que más me gusta de Sarah Palin es que acierta en la línea de flotación de lo que Taylor denomina “el relativismo débil”, al apuntar en su discurso y en su vida hacia ese “horizonte de significado por el que algunas cosas valen la pena y otras algo menos y otras no valen en absoluto la pena”. 

Que muestra que, lo bueno de nuestra sociedad, es que “siempre habrá un escenario de lucha entre formas superiores e inferiores de libertad”. Que “por medio de la acción social, el cambio político y la captación de corazones y mentes, pueden ganar terreno formas mejores, al menos durante algún tiempo”. Y, lo mejor, que esta forma de autenticidad es capaz de despertar pasiones en un ambiente cansado de principios descafeinados y egocéntricos.

Por eso entiendo que muchas mujeres americanas, al ver a Sarah Palin, se sientan identificadas y digan: “Es como si yo pudiera mandar en la Casa Blanca”; que alcen sus pintalabios en los mítines como si fueran mecheros y concluyan que la mejor cualidad para dirigir el país es el sentido común de cualquier madre de familia. Aunque no sea perfecta.

5 comentarios

  1. Toma ya!!! Claro que sí, a mí también me encanta. Lo malo es que haga guerra sucia en la campaña, pero supongo que todos la hacen.

  2. Desde luego no es perfecta, pero yo cambio – sin mirar – dos de la Vega por media Palin.

  3. Hola caracola!

    Pues sí, totalmente de acuerdo ^_^

    Aunque, es siento algo muy parecido a la vergüenza ajena cuando veo a Dragó (tengo que reconocer que me hace bastante gracia su caricatura en Muchachada Nui), sin embargo tengo que reconocer también un cosquilleo en las puntas de los pies cuando veo a una madre de 5 hijos, uno de ellos Síndrome de Down, hablando tan claro como lo hace Palin y con las llaves del “Imperio” al alcance de la mano ^_^

    je je je (ilusiones de una, que por algo ha de ilusionarse)

  4. Estimada Cristina:

    Leo esta entrada tuya glosando los valores de la Palin y esquivando sus defectos.

    A mí, que quieres que te diga, que un político tenga un hijo o quince, que exhiba a su hija embarazada y haga pasar por el mismo trago al novio de ésta o cosas por el estilo me traen al fresco. Lo que de verdad me importa es que quien ostenta el poder haga cosas como ésta:
    http://www.expansion.com/2008/10/11/economia-politica/1223715056.html
    Si se presentara en España, por el partido que fuera, no contaría con mi voto, porque para lo que la quiero no es para que muestre su prole, sino para que gobierne. Y alguien declarado culpable de abuso de poder, esta absolutamente inhabilitado para ejercerlo. ¿O no?

    Atentamente,

  5. Me parece fatal, Passy, pero, si nos ponemos a buscar borrones en el pasado de los candidatos (cosa muy legítima y necesaria), no encuentro mayor abuso de poder que el del aborto. Atentar contra la vida de los más débiles de la sociedad sí debería inhabilitar a un político para gobernar. Y mira cuántos cómplices de asesinos circulan por ahí con total impunidad gracias al amparo de las leyes.

    Partiendo de ahí, que una mujer defensora de esos principios sea candidata a vicepresidenta me parece un buen punto de partida, y me gusta, lo cual no significa que Palin vaya a ser una buena gobernante. Creo que no he dicho esto.

    Que una mujer así tenga acogida indica que hay fisuras en la dictadura del relativismo. Y eso es lo que me parece interesante.

    Además del hecho de que una madre, por ser madre, suele poseer y desarrollar dotes de liderazgo, de gobierno y de capacidad de dirigir equipo, cosa que en EE.UU ya han descubierto.

    Pero yo iba al fenómeno Palin más que a la persona.

Escribe un comentario