• Puente de mando

    Cristina Abad. Sevilla. (España)
  • Carta de navegación

  • Sin Perdón

    -Si le he dicho que no, no ha sido por que tenga marcas en el cuerpo y en la cara.

    Lo que le dije la otra mañana de que se parecía a mí no es verdad. Usted no es fea como yo, sólo que ambos tenemos cicatrices.

    Usted es una mujer muy hermosa y si quisiera un servicio gratis la elegiría a usted antes que a las otras dos. Sólo que no puedo… por respeto a mi esposa.

    -¿Su esposa?

    -Si, verá…

    -Es digno de admiración por ser fiel a su esposa. He conocido a muchos hombres que no lo son.

    -Sí, supongo que sí.

    -¿Ella vive en Kansas?

    -Sí…, sí. Se ha quedado cuidando a mis hijos.

    (William Manny -Clint Eastwood- a la prostituta marcada por dos vaqueros cobardes).

  • Morfeo a Neo en Matrix

    "Igual que los demás, naciste en cautiverio, en una prisión que no puedes ni oler ni saborear ni tocar. Una prisión para tu mente. Por desgracia no se puede explicar lo que es Matrix. Has de verla con tus propios ojos. Esta es tu última oportunidad. Después, ya no podrás echarte atrás. Si tomas la pastilla azul, fin de la historia: despertarás en tu cama y creerás lo que quieras creerte. Si tomas la roja, te quedas en el País de las Maravillas y yo te enseñaré hasta dónde llega la madriguera de conejos. Recuerda, lo único que te ofrezco es la verdad. Nada más. Sígueme."

A bordo de un Peugeot 106 rojo

El volante es un clásico canalizador de la agresividad, pero su abuso puede tener efectos fatales sobre el conductor y los demás vehículos.

Supongo que el teléfono de Bibi es un método más inocuo, donde el usuario está mediatizado por una operadora y la descarga de sus iras no tiene consecuencias inmediatas sobre ninguna víctima.

Siempre he pensado que conduces tal como eres y como has aprendido de tus antecesores. Por ejemplo, un familiar mío –salvaguardo su identidad- conduce con calma, aplomo y educación exquisita. Pero, en una ocasión en que tardó cinco segundos en arrancar el coche al cambiar de color el semáforo, una señora le dio al claxon con insistencia y rabia. Y mi ancestro (perdón por el término, son necesidades del anonimato), que al igual que yo no soporta ese gesto inútil e irritante, apagó el motor, se apeó del coche, se aproximó a la ventanilla del automóvil de atrás y le dijo con toda paz a la histérica que hiciera el favor “de-dejar-de-tocarle-el-pito”.

Me sonrío al recordar esta anécdota en estos días en que el calor confunde las neuronas, el tráfico se pone especialmente cachondo, los peatones cruzan por donde les peta y desaparecen las normas de circulación como por ensalmo. No suelo coger el coche a diario y estoy descubriendo, con preocupación, hasta qué punto me metamorfoseo en Mr. Hyde o en el increíble Hulk y veo brotar de mis labios los tacos más corraleros de la jerga barriobajuna impulsados por el subidón de adrenalina.

Ayer fue testigo Conchita con cierto asombro. Eso sí, todo de puertas para adentro, finamente y sin tocar… la bocina. 

 

 

Una respuesta

  1. Hola Batiscafo,desde Chile un saludo para ti. Es cierto.ponle luces rojas,bocinazos,ir atrasado y sale lo peor de nosotros.
    muchas gracias.

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