Podría aducir que he dejado el blog una temporada, incluso reconocer que estoy en fase de desenganche, sentenciar que cabe vivir sin bloguear, que se estropeó el ordenador de casa, pero nada de eso sería del todo cierto. La verdad, la verdad amarga, es que cada día pienso en escribir algo pero no consigo hacerlo.
Conozco esa dolencia demasiado bien. No me obsesiona pero sé que se combate escribiendo. Este mismo ejercicio no es más que un humilde intento de convocar a las musas, una justificación vergonzante y una señal de que aún sigo aquí.
Es agosto y es Sevilla. No hace calor estos días; si lo hiciera, encontraría la excusa que me exime, mas… ¿de qué responsabilidad? ¿Acaso estoy obligada a escribir estos garabatos? No… y sí. Me rodea la calma, me invade el “laissez faire, laissez passer”, la esclerosis de la inactividad. ¡Quería hacer tantas cosas!
No hay vecinos en esta casa que ocupamos en verano, sólo chicharras y martillazos de reformas. El único atenuante de mi culpa es verme privada de mi paseo matinal, de mi calle Valparaíso. En este otro barrio las mañanas son un hervidero que me obliga a llevarme el coche al trabajo para no pagar zona azul y eso sólo aumenta mi adrenalina y mi vocabulario grueso.
Las tardes pertenecen a los fantasmas. En agosto todo se estropea: el reloj, los zapatos, el ordenador, la puerta… Intento llevarlos a arreglar pero en los talleres luce un cartel desvaído: “Agosto cerrado. Disculpen las molestias”. Lo que me fastidia es la expresión. Resulta cínica: ¡como si las molestias fueran suyas! Lo correcto sería: “Disculpen nuestra ausencia. Estamos de vacaciones”.
Salgo a trabajar con jornada reducida; por las tardes, algunas tareas que hago sin prisa. Y sesiones olímpicas en el cuarto de estar, sueños de éxito que dejan en evidencia mi falta de previsión, de empeño, de continuidad.
La primera semana me la tomé con calma por necesidad, la segunda por afición. Esta tercera intento recuperarme de los excesos de la indolencia. Espero terminar el mes honrosamente.
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"Igual que los demás, naciste en cautiverio, en una prisión que no puedes ni oler ni saborear ni tocar. Una prisión para tu mente. Por desgracia no se puede explicar lo que es Matrix. Has de verla con tus propios ojos. Esta es tu última oportunidad. Después, ya no podrás echarte atrás. Si tomas la pastilla azul, fin de la historia: despertarás en tu cama y creerás lo que quieras creerte. Si tomas la roja, te quedas en el País de las Maravillas y yo te enseñaré hasta dónde llega la madriguera de conejos. Recuerda, lo único que te ofrezco es la verdad. Nada más. Sígueme."
Este mes parece que el país entero cierra. Tenías una buena excusa: haber puesto un mensaje de ” Este blog cierra en Agosto. Disculpen las molestias “, a nadie le hubiera extrañado.
Yo estoy aprovechando precisamente ese vacío para ir diseñando mi web.
Umm, no vale. Este blog cerró en julio y casi cerrará en septiembre. En agosto estaba operativo. La que no conseguía estar operativa era yo. Je.
Ánimo con el diseño. A ver si te leo pronto.
El diseño lo doy por concluido (hasta que canse de él). Me voy a tomar unos días de desconexión desde este viernes hasta el viernes de la próxima semana, de momento sigo por aquí.
Nos leemos