En el albero a las cinco de la tarde me cruzo con Candela y le doy la alternativa. No levanta un metro del suelo pero lo abrasa con sus ojos en una lidia feroz. Es pequeña pero más vieja que su madre. Candela ya sabe que en cada calle aguarda un infierno y en cada casa una promesa celeste.
La clave para salir del lance sin demasiadas cornadas, es la concentración. Andar despacio pero no demasiado, no parar más que en el burladero de las sombras, no reír, no gesticular, no cambiar la respiración, no desear llegar demasiado pronto, no mirar los espejismos, fundirse en la sonata estoica de las chicharras hasta que llegue la noche y tome el relevo la cuadrilla de los grillos, cuando la mitad del mundo vierta sobre la otra su sangre incandescente.
Y entonces, entonces tampoco cabe confiarse. Quietas, ni demasiado tapadas ni demasiado destapadas, aguardaremos la madrugada para darle al calor la breve estocada de unas horas.
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"Igual que los demás, naciste en cautiverio, en una prisión que no puedes ni oler ni saborear ni tocar. Una prisión para tu mente. Por desgracia no se puede explicar lo que es Matrix. Has de verla con tus propios ojos. Esta es tu última oportunidad. Después, ya no podrás echarte atrás. Si tomas la pastilla azul, fin de la historia: despertarás en tu cama y creerás lo que quieras creerte. Si tomas la roja, te quedas en el País de las Maravillas y yo te enseñaré hasta dónde llega la madriguera de conejos. Recuerda, lo único que te ofrezco es la verdad. Nada más. Sígueme."
¿Y esa pasión metafórica por los toros? La vida es… como un toro. Sobre todo por la parte de los co*ones. A, perdón.
Genal, Cris.
Tú sí que eres genial. Me has hecho reír y para eso sí que hace falta tener arte.