• Puente de mando

    Cristina Abad. Sevilla. (España)
  • Carta de navegación

  • Sin Perdón

    -Si le he dicho que no, no ha sido por que tenga marcas en el cuerpo y en la cara.

    Lo que le dije la otra mañana de que se parecía a mí no es verdad. Usted no es fea como yo, sólo que ambos tenemos cicatrices.

    Usted es una mujer muy hermosa y si quisiera un servicio gratis la elegiría a usted antes que a las otras dos. Sólo que no puedo… por respeto a mi esposa.

    -¿Su esposa?

    -Si, verá…

    -Es digno de admiración por ser fiel a su esposa. He conocido a muchos hombres que no lo son.

    -Sí, supongo que sí.

    -¿Ella vive en Kansas?

    -Sí…, sí. Se ha quedado cuidando a mis hijos.

    (William Manny -Clint Eastwood- a la prostituta marcada por dos vaqueros cobardes).

  • Morfeo a Neo en Matrix

    "Igual que los demás, naciste en cautiverio, en una prisión que no puedes ni oler ni saborear ni tocar. Una prisión para tu mente. Por desgracia no se puede explicar lo que es Matrix. Has de verla con tus propios ojos. Esta es tu última oportunidad. Después, ya no podrás echarte atrás. Si tomas la pastilla azul, fin de la historia: despertarás en tu cama y creerás lo que quieras creerte. Si tomas la roja, te quedas en el País de las Maravillas y yo te enseñaré hasta dónde llega la madriguera de conejos. Recuerda, lo único que te ofrezco es la verdad. Nada más. Sígueme."

Pepiño Blanco y el agujero negro

Había una vez una galaxia; y en la galaxia, un sistema llamado solar, donde todos los planetas –que eran nueve hasta que fueron ocho- giraban en torno a una estrella denominada Sol. Y en el sistema, un planeta pequeño y azul que se llamaba Tierra que hasta hace unos siglos pensaba que era el centro del Universo.

 

Entre los espacios de líquido azul del planeta que no se vertía gracias a la gravedad, había bloques enormes, marrones y sólidos de roca –los continentes- que estaban llenos de plantas, animales y hombres.

 

En la parte norte de uno de esos continentes, los seres humanos o personas llamados norteamericanos, estadounidenses o yanquis, pensaban que cualquier cosa que hicieran tenía repercusión en el resto del planeta. En parte era verdad y en otra parte no. Los terrícolas siempre han creído esto aun cuando se desconocía la existencia de territorios inmensos, como la propia América sin ir más lejos.

 

Pero esas cosas, como digo, pasan: pasó el imperio romano, pasaron los hunos y creció la hierba, y pasaron todos los demás: el imperio donde no se ponía el sol, el imperio austro-húngaro, el imperio napoleónico, el imperio marxista, el imperio nazi…

 

A la sombra de los imperios siempre hay lacayos que viven de la gloria pasajera de sus señores, como la luna recibe la luz del sol, como los parásitos se alimentan de la sangre de otros animales más sanos y poderosos. Y en su demencia pueden llegar a creer que no son parásitos y que, incluso, son causa del éxito de aquellos de quienes viven.

 

Y dicen cosas muy extrañas que todos menos ellos ven y saben. Cosas que provocan la hilaridad y un poco de vergüenza ajena, cosas que se convierten en conversación de café y que son verdaderos hallazgos de la miseria humana, como por ejemplo -así, al azar- ésta que leo en los titulares de los periódicos de España, un país que los americanos del norte no acaban de situar muy bien en el mapa:

 

“Me he resistido en estos últimos meses a confesar públicamente mi simpatía hacia Barack Obama para no interferir en lo más mínimo en el proceso de elección que estaba desarrollando el Partido Demócrata”.

 

Nada hay más ridículo que creer que el centro del universo es el agujero negro del propio ombligo, aunque sea muy pequeño.

 

Pero bueno, eso son las cosas que pasan en este pequeño país de un continente de un planeta de un sistema de una galaxia entre miles.

2 comentarios

  1. El Miércoles pasado me indicaron de que en internet se hallaba ésta página: poodwaddle world clock o el reloj del mundo. Aunque los gorriones del otro post saben más.

  2. ay Dios mío qué lerdos y tardos de mente somos…

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