Las musas son extremadamente celosas. No les molesta ser fieles al aprendiz en caso de que tenga que dedicarse a otros trabajos por razón de supervivencia: saben que son dueñas de su corazón.
Pero una cosa es eso y otra el vulgar coqueteo con géneros menores. ¿Cómo requerir luego su afecto y su inspiración como si tal cosa? La última vez me abandonaron diez años y aún me resiento.
Hoy tiemblo de espanto mientras acopio lecturas, intuiciones y pensamientos. Inútil tratar de convocarlas: Cacaracamouchen, cacaracamouchen!
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"Igual que los demás, naciste en cautiverio, en una prisión que no puedes ni oler ni saborear ni tocar. Una prisión para tu mente. Por desgracia no se puede explicar lo que es Matrix. Has de verla con tus propios ojos. Esta es tu última oportunidad. Después, ya no podrás echarte atrás. Si tomas la pastilla azul, fin de la historia: despertarás en tu cama y creerás lo que quieras creerte. Si tomas la roja, te quedas en el País de las Maravillas y yo te enseñaré hasta dónde llega la madriguera de conejos. Recuerda, lo único que te ofrezco es la verdad. Nada más. Sígueme."
¿sin musas?. Eso debe de ser cómo quitarme a mi el entrar por la calle Santa Maria La Blanca.
Te leo tarde… pero a tiempo. Te voy a mandar ahora mismo el pdf con tus primeras damas. ¡Faltaría más!
¡Gracias mil! Apúntate el tanto, jefa de redacción.
Pásamelo, pásamelo, anda!!!