“Yo no estoy en el PP por el cambio climático. Aquí hay un problema de suicidio colectivo”, sentenció ayer la presidenta del PP vasco.
El partido, como barco desarbolado, sin capitán ni carta de navegación, va a la deriva. Es triste pero es el fruto amargo de nuestra cultura cainita.
Su situación me evoca ciertas reflexiones de Jiménez Lozano en Advenimientos:
“Europa, sin una sola convicción seria, cansada de sí misma, odiando lo que ha sido y que refleja su estúpido rostro de ahora mismo, encuentra gran placer en suicidarse como sea. La da igual. Es el nihilismo alegre y desaprensivo, la irresistible pulsión de una experiencia de servidumbre y muerte, tras haber averiguado que ‘la carne es triste y habiendo leído ya todos los libros’, que decía Mallarmé. Una sociedad, y una cultura de esta clase están irresistiblemente atraídas por la nada”.
“Noticias de que la idea misma, no ya la realidad de España, vuelve a ponerse en juego. España es quizás el único país, la única nación del mundo, en la que una parte de ella nunca está conforme con que la Historia la haya hecho como la ha hecho, y pretende su refundición, borrando antes esa misma Historia. Y tales irracionalismos son para muchos españoles ideas salvadoras. Estamos siempre en la metahistoria, o en una historia de las salvaciones, y, especialmente ahora, en la hora que dicen de la laicidad. Es chusco, pero es, sobre todo, desolador e inquietante”.
“Todos necesitan la corrección política, y, para ellos, no ya la diferencia en el pensar y sentir, sino el hecho de no adherirse ardientemente a lo políticamente correcto en cada caso es lo que constituye la herejía intolerable que hay que liquidar.
Lo que no sé es si ya estamos ineluctablemente destinados a esta Granja, en la que solamente unas cuantas ocas más o menos pintorescas –fool people- graznan por su cuenta, pero sin significación alguna, y son condescendientemente toleradas, porque este tipo de condescendencia se llama tolerancia, y también forma parte del escaparate virtual de la corrección política”.
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"Igual que los demás, naciste en cautiverio, en una prisión que no puedes ni oler ni saborear ni tocar. Una prisión para tu mente. Por desgracia no se puede explicar lo que es Matrix. Has de verla con tus propios ojos. Esta es tu última oportunidad. Después, ya no podrás echarte atrás. Si tomas la pastilla azul, fin de la historia: despertarás en tu cama y creerás lo que quieras creerte. Si tomas la roja, te quedas en el País de las Maravillas y yo te enseñaré hasta dónde llega la madriguera de conejos. Recuerda, lo único que te ofrezco es la verdad. Nada más. Sígueme."