Últimamente frecuento demasiado el tanatorio. Y esta familiaridad con la muerte me preocupa por el miedo a la connaturalidad con algo tan contranatura.
Esta vez dejamos el coche en el aparcamiento subterráneo, que ya de por sí suena a ensayo de sepultura. Y todo por temor a los más ‘vivos’, a los gitanos de El Vacie, que negocian con el dolor de los familiares a punta de navaja -como los empleados de las funerarias pero sin tantas contemplaciones-, y que la última vez se saldaron con dos bolsos de señora y un susto de muerte.
Subimos a la segunda planta como quien sube a unos grandes almacenes. “Buenos tardes, me puede decir dónde está Dña. Menganita”. “Sala 14″. El cuerpo de la difunta ocupa la misma sala del padre de mi amiga de hace mes y medio. Y el superponerse de muertos también deja el alma con un frío tumbativo.
Esta mañana leo en un periódico que el nuevo tanatorio-crematorio de Alcalá de Guadaira contará con ‘novísimos’ como la posibilidad de hacer eco-funerales, depositar para su custodia el ADN del finado y confeccionar diamantes con cabello de los fallecidos.
Así que, en breve, se puede uno encontrar con la madre de X refulgiendo desde el anillo de su anular. “Qué bonito diamante”. “Es mi madre”.
Cuando uno no cree que los muertos están en su destino eterno es capaz de creer que están en los lugares más inverosímiles: en un anillo, en lo alto del aparador presidiendo las reuniones familiares, en las marismas de Doñana o saliendo de un tetrabrik en pleno efusión futbolística.
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"Igual que los demás, naciste en cautiverio, en una prisión que no puedes ni oler ni saborear ni tocar. Una prisión para tu mente. Por desgracia no se puede explicar lo que es Matrix. Has de verla con tus propios ojos. Esta es tu última oportunidad. Después, ya no podrás echarte atrás. Si tomas la pastilla azul, fin de la historia: despertarás en tu cama y creerás lo que quieras creerte. Si tomas la roja, te quedas en el País de las Maravillas y yo te enseñaré hasta dónde llega la madriguera de conejos. Recuerda, lo único que te ofrezco es la verdad. Nada más. Sígueme."
Qué estupenda entrada. Reconfortante.
Lo tuyo es optimismo incondicional, Enrique. A las duras y a las maduras. Gracias.
Yo de mayor… quiero tener la concesión de la cafetería del tanatorio de la SE-30. Eso es negocio y lo demás cuento…
Pues sí. El único rasgo de humanidad que he encontrado en ese tanatorio es la sonrisa de las camareras, que está en el punto justo entre la compasión, la alegría de la juventud, la empatía y la esperanza, y que hace que no se impacienten cuando pides una cosa y cambias de idea o se te quita el hambre de repente.
No sé cómo se paga esto pero es de agradecer que haya alguien que entienda que lo que viven los que están allí no es precisamente ‘lo normal’.
Al menos, esa ha sido mi experiencia.
Los Tanatorios son el más claro ejemplo de como la arquitectura actual ha abandonado la espiritualidad.
En los momentos duros es cuando más se necesita un entorno cálido y agradable que no aumente nuestro dolor.