En aquella ladera llovía de arriba a abajo con ímpetu monzónico, pero también de abajo a arriba, a través de la mina que brotaba en lágrimas por los estanques y transmitía su ligero temblor de siglos al verdín y a las carpas rojas. Llovía dentro de la casa y el agua dibujaba ectoplastias en los muros y en las alfombras recogidas a destiempo.
Del costado del Cristo también manaba agua, agua y sangre: una risa de resurrección que contagiaba al magnolio, a los naranjos y pomelos, a los cañaverales y hasta a los perros del cementerio en un ensayo de penúltimo día.
Y yo, frente al ventanal donde, lo que son las cosas, Don Juan pudo ver su apartada orilla, flanqueada por dóciles palmeras, quieta y callada, como los peces, como los perros, como sus amos; yo en la vieja capilla, rodeada de libros y de buenas intenciones, hacía acopio de aguacero en mi alberca, suplicando ese temblor fontanal, ese manantial de la doncella, que hoy parece atraer poderosamente mi vara zahorí.
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"Igual que los demás, naciste en cautiverio, en una prisión que no puedes ni oler ni saborear ni tocar. Una prisión para tu mente. Por desgracia no se puede explicar lo que es Matrix. Has de verla con tus propios ojos. Esta es tu última oportunidad. Después, ya no podrás echarte atrás. Si tomas la pastilla azul, fin de la historia: despertarás en tu cama y creerás lo que quieras creerte. Si tomas la roja, te quedas en el País de las Maravillas y yo te enseñaré hasta dónde llega la madriguera de conejos. Recuerda, lo único que te ofrezco es la verdad. Nada más. Sígueme."
Oéoéoéééé…. ¡PROEMA, PROEMÓN!
Jo, gracias, pero… ¿qué haces de camuflaje?
Lo que son las cosas, desde ese coro, no solo se observaba el costado de Cristo, sino también esa herida del muslo derecho abierta y manando sangre.
Por cierto, ese cristo tiene unas piernas preciosas parecian columnas, bien regordetas y eso me ha animado la Pascua, todo se hereda.
Ja, ja. Así visto… A mí también me animaría si no fuera porque ese Cristo me parece de una proporción extraordinaria. ¿Regordetas?
¡Precioso texto, Cris!