Mirlos

De madrugada anuncian que hoy es el día sexto y que todo sigue siendo bueno. Ponen a la nota discordante de la oración una coral de acción de gracias. Negros, comunes, necesarios como el pan de cada día, nunca blancos, únicos y admirables.

Mirlos por doquier, con sus negras plumas y su pico amarillo, tan lejanos del mal agüero de los cuervos, con su frac de cobrador, como de la urraca cascarrabias y avariciosa. He pasado todo el invierno esperándolos, como el niño anhela la llegada del circo en primavera.  

Con su repertorio de silbos y saltitos, el gesto inclinado de sus cabezas y su mirada burlona, parecen prestidigitadores capaces de regalarme la sonrisa que necesito cada mes de abril, como el mago saca de su chistera una moneda o un conejo blanco.

2 comentarios

  1. Me encantan los mirlos. Y si cantan posados en una glicinia no te cuento.

  2. ¡Qué hermosa debe ser Sevilla! Gracias por tu alegría, Batiscafo. Creo que es contagiosa. Un abrazo: Carmen

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