De madrugada anuncian que hoy es el día sexto y que todo sigue siendo bueno. Ponen a la nota discordante de la oración una coral de acción de gracias. Negros, comunes, necesarios como el pan de cada día, nunca blancos, únicos y admirables.
Mirlos por doquier, con sus negras plumas y su pico amarillo, tan lejanos del mal agüero de los cuervos, con su frac de cobrador, como de la urraca cascarrabias y avariciosa. He pasado todo el invierno esperándolos, como el niño anhela la llegada del circo en primavera.
Con su repertorio de silbos y saltitos, el gesto inclinado de sus cabezas y su mirada burlona, parecen prestidigitadores capaces de regalarme la sonrisa que necesito cada mes de abril, como el mago saca de su chistera una moneda o un conejo blanco.
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"Igual que los demás, naciste en cautiverio, en una prisión que no puedes ni oler ni saborear ni tocar. Una prisión para tu mente. Por desgracia no se puede explicar lo que es Matrix. Has de verla con tus propios ojos. Esta es tu última oportunidad. Después, ya no podrás echarte atrás. Si tomas la pastilla azul, fin de la historia: despertarás en tu cama y creerás lo que quieras creerte. Si tomas la roja, te quedas en el País de las Maravillas y yo te enseñaré hasta dónde llega la madriguera de conejos. Recuerda, lo único que te ofrezco es la verdad. Nada más. Sígueme."
Me encantan los mirlos. Y si cantan posados en una glicinia no te cuento.
¡Qué hermosa debe ser Sevilla! Gracias por tu alegría, Batiscafo. Creo que es contagiosa. Un abrazo: Carmen