“Después de la boda es una película bellísima y dolorosa. El dolor genera verdad y la verdad es belleza. Cuando una película conmueve significa que es hermosa”.
Que me perdone Alberto Fijo la simplificación. Con estas palabras u otras similares describía el crítico de cine a un grupo de alumnos de la catedrática y amiga Marita Caballero el largometraje de la directora danesa Susanne Bier.
Yo tuve la suerte de ser invitada a aquella clase en la Universidad de Sevilla, y de la sesión magistral de tres horas me traje, entre otras cosas, unos apuntes a vuelapluma, varias películas imprescindibles, la mirada oceánica de Sidse Babett, en su papel de Helene, el pellizco nervioso sobre el antebrazo de Stine Fischer (Anna), y un deseo vivísimo de ver el film en cuestión que ayer pude cumplir.
Sobre este largometraje que estuvo a punto de llevarse el premio 2007 a la mejor película extranjera en los Oscars (que finalmente obtuvo “La vida de los otros”, otra obra colosal) lo mejor que uno puede hacer es guardar silencio o recomendar sencillamente: Ven y verás… y luego hablamos.
Por no ser descortés y por apoyar la invitación, añadiré que Después de la boda es el resultado de la confluencia de un guión formidable redactado por el tándem Susanne Bier y Anders Thomas Jensen, cosa que se nota por la hondura a la hora de perfilar la psicología femenina y masculina; una interpretación sublime con momentos brillantísimos y una fotografía que pasa por el nervio óptico y por el alma de los protagonistas, en la que los cruces de miradas y los lugares donde estas se detienen comunican tanto o más que las palabras.
En esta película hay viajes exteriores pero sobre todo interiores. El recorrido externo nos lleva de la India a Dinamarca y el interno, por la geografía del dolor, la responsabilidad ante las consecuencias de los actos, la asunción de los errores del pasado, el amor incondicional, la incomunicación, la sinceridad, la verdad de la vida. El trayecto a bordo del tempo resulta en ocasiones vertiginoso y en otras muy lento, como la partitura de una sinfonía interior, como la lectura de una gráfica del corazón, como la vida, en fin.
Hay frases que merecerían ser esculpidas, como la de Anna a Jacob: “Entonces, no sabías que yo existía”. O la de Jorgen a Jacob: “¿Es que tengo que irme al otro lado del mundo para que me ayudes? Y otras que no puedo mencionar sin correr el riesgo de descorrer demasiado el velo.
Después de Después de la boda queda un espectador conmocionado hasta los tuétanos por varios días. Un ser humano que se integra en los créditos de la película y comienza a preguntarse por sí mismo y a ver pasar los fotogramas de su autobiografía.
Si de alguna manera uno es lo que ha leído, también es lo que ha visto. Ésta es una película para añadir a ese puñado de obras que llevaría conmigo al fin del mundo.
Ven y verás.
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"Igual que los demás, naciste en cautiverio, en una prisión que no puedes ni oler ni saborear ni tocar. Una prisión para tu mente. Por desgracia no se puede explicar lo que es Matrix. Has de verla con tus propios ojos. Esta es tu última oportunidad. Después, ya no podrás echarte atrás. Si tomas la pastilla azul, fin de la historia: despertarás en tu cama y creerás lo que quieras creerte. Si tomas la roja, te quedas en el País de las Maravillas y yo te enseñaré hasta dónde llega la madriguera de conejos. Recuerda, lo único que te ofrezco es la verdad. Nada más. Sígueme."
Intentaré ver la película en cuanto pueda, me intriga después de leer tu post. ¿Sigue haciendo calor en Sevilla? Saludos
¡Hey! ¡Qué sorpresa! Aquí seguimos con altas temperaturas. Debe ser fruto de la intensidad… Ja, ja. Oye, te queda muy bien el enlace. ¡Lo conseguiste! Y acabo de ver la última entrada. Gracias. La DDR se va a poner muy contenta cuando lo vea.
Pues nosotros ayer vimos por primera vez La vida de los otros y nos pareció magnífica. Nos encantó, la verdad. Ya le echaremos un vistazo a esta… ^_^
Un abrazo
Buen comentario Cris, me encantó la película cuando la vi, y efectivamente anduve tocada varios días. Abrazo!
A mí también me gustó mucho “La vida de los otros”, Qamar. Por el guión, la fotografía y el fondo tan esperanzador: las posibilidades de regeneración interior de un personaje tan siniestro como un oficial de la Stasi en los instantes previos a la caída del muro de Berlín…
Un abrazo fuerte, AnaCó.
[...] Después de la boda (2006). Susanne Bier. Si me tengo que quedar con una sola de las películas vistas este año, me quedo con ésta. [...]