• Puente de mando

    Cristina Abad. Sevilla. (España)
  • Carta de navegación

  • Sin Perdón

    -Si le he dicho que no, no ha sido por que tenga marcas en el cuerpo y en la cara.

    Lo que le dije la otra mañana de que se parecía a mí no es verdad. Usted no es fea como yo, sólo que ambos tenemos cicatrices.

    Usted es una mujer muy hermosa y si quisiera un servicio gratis la elegiría a usted antes que a las otras dos. Sólo que no puedo… por respeto a mi esposa.

    -¿Su esposa?

    -Si, verá…

    -Es digno de admiración por ser fiel a su esposa. He conocido a muchos hombres que no lo son.

    -Sí, supongo que sí.

    -¿Ella vive en Kansas?

    -Sí…, sí. Se ha quedado cuidando a mis hijos.

    (William Manny -Clint Eastwood- a la prostituta marcada por dos vaqueros cobardes).

  • Morfeo a Neo en Matrix

    "Igual que los demás, naciste en cautiverio, en una prisión que no puedes ni oler ni saborear ni tocar. Una prisión para tu mente. Por desgracia no se puede explicar lo que es Matrix. Has de verla con tus propios ojos. Esta es tu última oportunidad. Después, ya no podrás echarte atrás. Si tomas la pastilla azul, fin de la historia: despertarás en tu cama y creerás lo que quieras creerte. Si tomas la roja, te quedas en el País de las Maravillas y yo te enseñaré hasta dónde llega la madriguera de conejos. Recuerda, lo único que te ofrezco es la verdad. Nada más. Sígueme."

Debe y haber (II). Un año de cine

Donde sí llegué al happy end fue en el terreno cinematográfico. Vi muchas películas: algunas en casa, otras con mi madre, impenitente cinéfila, otras de casualidad en algún viaje, y un pequeño puñado en el cine-forum del que ya he hablado en alguna ocasión.

La mayoría clásicos, y algunas en V.O no por prurito intelectual, sino por necesidad de cubrir no ya lagunas sino inmensos piélagos.  

Me conmovieron casi todas, porque fueron escogidas con cuidado. Algunas ya las comenté: Amanecer, de Murnau (1927); El ángel Azul, de Von Sternberg, con Marlene Dietrich y Emil Jannings (1930); El halcón Maltés (1941), de John Huston; Casablanca (1942), de Michael Curtiz (por enésima vez), protagonizada por Humphrey Bogart e Ingrid Bergman; Ordet, de Dreyer (1955). 

A Bogart lo volví a ver en Tener y no Tener (1944), de Howard Hawks, y en Cayo Largo (1948), de John Houston, en compañía, esta vez, de Lauren Bacall y en V.O. 

Con Ingmar Bergman me espera una relación larga y provechosa: Fresas salvajes (1956) y Encuentros privados (1996), de Liv Ullmann sobre su guión, no me defraudaron. Y con Ford, después de haber visto Centauros del desierto (1956) y El hombre tranquilo (1952), por sugerencia de Agus. 

También toqué a la puerta de Welles, con El extraño (1946), y El tercer hombre, que fue dirigida por Carol Reed, pero lleva su sello. Y de Hitchcook, con Extraños en un tren( 1951), Treinta y nueve escalones (1935) y El Proceso Paradine (1947).  

No me resistí al encanto díscolo de los ojos almendrados de Audrey ni a su subyugante sonrisa, ni a su elegancia, y volví a Covent Garden para ver a My fair lady, y al árbol de Sabrina y al escaparate de Tiffany’s en Desayuno con diamantes y a Charada. 

La lista es muy larga y este post también, pero ya que fue uno de mis pocos propósitos cumplidos permitidme la vanidad de contaros qué compañías y qué lugares he frecuentado en estos meses. Seguiré un orden temporal para que nadie se moleste. Esta gente del cine es muy susceptible:

Años cuarenta: Laura, de Otto Preminger (1944); Al filo de la navaja, de Edmund Goulding (1946).

Años cincuenta: La gata sobre el tejado de zinc, dirigida por Richard Brooks y protagonizada por Elizabeth Taylor y Paul Newman y con unos parlamentos inolvidables (1958).

Años sesenta: El gatopardo, macroproducción de Luchino Visconti protagonizada por Burt Lancaster, Alain Delon y Claudia Cardinale, que me aburrió mortalmente y mira que me gustó el libro en su momento (1963); Doctor Zhivago, de David Lean (1965); Un hombre para la eternidad, de Fred Zinnemann (1966) en Londres, qué mejor lugar.

Años setenta: Alguien voló sobre el nido del cuco, de Milos Forman y protagonizada por Jack Nicholson (1975).

Años ochenta: Memorias de África, dirigida por Sydney Pollack con Robert Redford y Meryl Streep en el reparto (1985); El honor de los Prizzi, de John Huston y protagonizada por Jack Nicholson, Kathleen Turner, y la hija del director, Anjelica Huston, que se llevó el oscar a la mejor actriz secundaria (1985).

Años noventa: Europa, Europa, de la polaca Adrzej Wajda (1990), directora también de Copying Betthoven en 2006, cuya interpretación y música me conquistaron; la serie de la BBC Orgullo y Prejuicio, de Simon Langton y protagonizada por Colin Firth (1996) a la que he vuelto por tercera vez y lo que te rondaré.

Del 2000 en adelante: Nueve reinas, del argentino Fabián Bielinsky, (2000);  Descubriendo a Forrester, de Gus Van Sant y protagonizada por Sean Connery (2000); Gente con clase, de Eric Styles, 2001; El consul perlasca, de Alberto Negrin (2002); Mi vida sin mí, dirigida por Isabel Coixet y protagonizada por Sarah Polley (2003); la serie italiana La Mejor juventud dirigida por Marco Tullio Giordana (2003); Beyond the sea, de Kevin Spacey (2004), Whale rider, de la neozelandesa Niki Caro, por segunda vez, (2004); Crash, dirigida por Paul Haggis y protagonizada por Sandra Bullock (2004), Tierra de valientes, del argentino Damián Szifrón (2005);  Truman Capote, de Bennett Miller, con Philip Seymour Hoffman (2005); Mia Sarah, de Gustavo Ron (2006); Little Miss Sunshine, dirigida por Jonathan Dayton (2006); Cartas desde Iwo Jima, de Clint Eastwood (2006), Scoop, de Woody Allen (2006), y La vida de los otros, de Das Leben der Anderen, película alemana ganadora del Oscar a la Mejor Película Extranjera en 2006. 

6 comentarios

  1. ¿No haces una entradilla de añonuevo o por el estilo? ¿Te felicito el 2008 bisiesto aquí?

    Pero esto va de cine!

    Además acabo de sufrir un quasi-shock al leer que te aburre Il Gattopardo del Visconti: Aparte de recordarte que los pecados/defectos no se airean, me pregunto si esto no definiría un caso agudo de incompatibilidad de caracteres-bloggeres…

    Tú dirás. Pero hay perversiones que no disculpan ni que hayas visto The Searchers & The Tranquil Man; ni siquiera My Fair Lady!

    “Ya verás, Batiscafo, ya verás: Tu cabeza algún día rodará…Henry Higgins- perdón, Batiscafo- ya verás, Batiscafo, ya verás….”

    ):(

  2. Ja, ja. Me pesa lo de El Gatopardo, no creas. No me enorgullezco de ello. Leí el libro de Lampedusa en 2º de carrera y me gustó mucho. He imaginado muchas veces aquella decadencia de la aristocracia siciliana. Y la imaginación siempre llega más lejos que el cine. Además, tenía tantas ganas de verla desde hacía tantos años que la idealicé demasiado, creo.

  3. Bien. Si te pesa…

    Bueno.

    La peli, con la novela al lado, es menos, claro. Pero he mantenido la re-lectura de Lampedusa, y la re-visión de la peli del Visconti. Quizá por eso mantengo el gusto por las dos.

    A la peli le sobran treinta minutos de escenas Alain-Delón & Claudia Cardinale, por lo menos. De la escena del baile se abusa, y se nota por la cansina repetición del vals inédito de Verdi que suena y suena y suena.

    Pero eso no le quita excelencia. Desde que empieza con el Rosario hasta que acaba con el Viático, me conmociona. Tanto las imágenes, como la música de Nino Rota. Incluso ese Burt Lancaster, que sólo soporto en esta peli y en Confidencias.

    Verás que a manías, no me ganas.

  4. La decadencia de todas las aristocracias, querida señorita Batiscafo. Por cierto, esa misma aristocracia recibe una burla irónica en algunas escenas de “My Fair lady”, veáse el envaramiento de los personajes ascottianos. Y, sin embargo, aún así, tanta más belleza que en el actual mundo aplanado…Por otra parte, a mí sí me gustó “El gran silencio”. Ya sé que es más documental que película, pero creo que de eso ya estábamos advertidos, y refleja divinamente -nunca mejor dicho- la calma, la serenidad, y el sentido del tiempo propios de un monasterio.

  5. P.D. Mi lado clasista se emociona con lo de “Aquí toda la nobleza está, y la gente de más calidad…”

  6. 2º PD (ya lo siento): Para que se vea que no tengo piel de reptil, después de ver la peli hace varios años me pasé tiempo admirando al romanticón del señorito Eynsford-Hill, vamos, aún le admiro. ¡Quisiera ser como él, pero en menos volátil :) !

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