Anda Chávez con incontinencia verbal estos días. El mandamás no quiere callarse y grita desde los periódicos que el monarca español le debe la corona a otro dictador y que “hace quinientos años salió del Madrid Imperial la orden: ¿Por qué no te callas, Indio Guaicaipuro?, ¡Cállate, Tupac Amarú! (…) y los callaron cuando les cortaron la garganta”.
Porque no puede ser y además es imposible por imposición de la Madre Naturaleza que si de su voluntad suprema dependiera no soltaba el tirano la corona en mil años gracias al procedimiento de reelección sin límite que él mismo ha instaurado.
Además del drama que vive el pueblo venezolano, del crimen que supone la pervivencia de reductos de injusticia marxista en aquella tierra hermana de Hispanoamérica y de lo déspota del discurso de Chávez -que es lo primero que hay que considerar- como comunicadora me llama la atención la frase de marras, que tiene sustancia tanto por el modo en que fue expresada como por su construcción sintáctica y el mensaje que sugiere.
No dijo Don Juan Carlos “¡cállate!”, ni tampoco “¡que te calles!”, lo cuál hubiera resultado demasiado impositivo para una soberanía popular como la nuestra donde el rey reina pero no gobierna, no; dijo “¿por qué no te callas?” y se lo soltó a un tirano en público y apuntándole con el dedo en la cara.
La verdad es que la oración rebosa gracia por los cuatro costados: la partícula interrogativa, el adverbio de negación, el pronombre “te” tan chocante en el habla americana, y el tiempo verbal. Así queda a medio camino entre reprimenda estudiantil, amenaza y anhelo de continuidad en la acción: “¿Por qué no te callas… para siempre, chico?”.
En este mundo nuestro oportunista hay quien ha hecho ya su agosto. La frase se ha convertido en todo un ‘hit’ y vale igual pa’un roto que pa’un descosío. Lo mismo la usa el Rey contra Chávez que Chávez contra el Rey. Los detractores del dictador la emplean como lema en sus pancartas y sus partidarios se bajan el politono al móvil para darse el gustazo de callar a Don Juan Carlos cada vez que descuelgan el celular.
Lo que está claro es que, con la expresión, nuestro monarca ha dado muestras de ser un gran creativo publicitario. Y ya se sabe que la palabra gobierna el mundo.
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"Igual que los demás, naciste en cautiverio, en una prisión que no puedes ni oler ni saborear ni tocar. Una prisión para tu mente. Por desgracia no se puede explicar lo que es Matrix. Has de verla con tus propios ojos. Esta es tu última oportunidad. Después, ya no podrás echarte atrás. Si tomas la pastilla azul, fin de la historia: despertarás en tu cama y creerás lo que quieras creerte. Si tomas la roja, te quedas en el País de las Maravillas y yo te enseñaré hasta dónde llega la madriguera de conejos. Recuerda, lo único que te ofrezco es la verdad. Nada más. Sígueme."
Finísimo el análisis de la frase borbónica.
he terminado! Deposito el lunes! Podemos quedar cuando quieras!
¡Ole, ole y ole! ¡Enhorabuena! Supongo que esta tarde te veré en las jornadas poéticas, ¿no?
Gran análisis, Cris. Quizá Chávez, tan amigo del libertador y según dice -él y nadie más, claro- de la libertad quiera publicarlo en algún medio venezolano de los que él se cupa con tanto mimo. Él no acostumbra a cortar la garganta a los suyos, que está muy mal visto, pero lo de cortar los cables de los micrófonos y dejar mudos a quienes piensan de otro modo, se le da francamente bien. Pero él no es consecuencialista, así que no pensará que al fin y al cabo, el efecto es el mismo. Yo soy hispanoamericana, quiero con locura a los venezolanos y después de la actuación en la cumbre además soy Juancarlista. ¡Ea!
(¡Enhorabuena, Ro!)