Érase otra vez un pueblo y en el pueblo, un alto que daba a la vega de un río.
Un pueblo de los de toda la vida, con su torre y sus casas blancas. Y la torre que se alzaba en el alto era de una iglesia, y en la iglesia había un cura, un sacristán y dos tontas.
El pueblo tenía sus calles como dédalo para confundir a los sabios que venían de la gran ciudad a dar lecciones, pero siempre terminaban en la iglesia por misericordia divina y condescendencia vecinal.
Allí no sobraba nadie y todos cumplían su papel: el alcalde, el boticario y la pareja de guardias civiles.
Pero las que mejor lo hacían eran las tontas, que en el fondo sabían latín, y por eso el cura las ponía a vigilar para que todo estuviera a punto en la iglesia aquella mañana reluciente de sábado que érase que se era como la de otros sábados pero no.
Archivado bajo: Verdad
"Igual que los demás, naciste en cautiverio, en una prisión que no puedes ni oler ni saborear ni tocar. Una prisión para tu mente. Por desgracia no se puede explicar lo que es Matrix. Has de verla con tus propios ojos. Esta es tu última oportunidad. Después, ya no podrás echarte atrás. Si tomas la pastilla azul, fin de la historia: despertarás en tu cama y creerás lo que quieras creerte. Si tomas la roja, te quedas en el País de las Maravillas y yo te enseñaré hasta dónde llega la madriguera de conejos. Recuerda, lo único que te ofrezco es la verdad. Nada más. Sígueme."
qué misteriosos… un poco surrealista, y por eso muy bueno. Digo,
JA! Que buena descripción…para los que estuvimos alli, es absolutamente realista, como la vida misma. Rocio, nuestra Cris, ha clavado su descripción.
Ro, el motivo de la entrada lo tienes tres entradas más abajo.