
Marieta Quesada es un ángel que enciende lo que toca. Sus cuadros no están hechos de pigmentos sino de carne y espíritu. Y el alma no se encuentra aquí o allá por mucho que se empeñen los materialistas. Aletea por todo el cuadro, lo informa, lo transfigura.
Para escuchar a Marieta y contemplar su pintura hay que estar dispuesto a salir convertido en gorjeo, en fuente cristalina. La forma transfigura la materia y se derrama en el espectador poniéndolo perdido de confetti.
Me dice Marieta que le han dicho que crea atmósfera en sus cuadros, que ella no lo sabía hasta que se lo advirtieron. Es curioso. Los artistas que lo son, en el trance de la gracia co-creadora no tienen ni idea de lo que Dios hace cuando guía sus pinceles.
Querida Marieta, no es atmósfera sólo, es principio de vida. Por eso la niña del cubo no nos da su agua sino su trabajo, su cansancio, su íntima alegría, y la Virgen lleva en el manto un rompimiento de gloria.
¡Qué paradoja! Es la docilidad de tus pinceles a la verdad, “a esas cosas que no cambian”, lo que hace que tu pintura no se agriete, que los pigmentos no pierdan color, que todo un mundo interior se entregue en la mirada de los personajes, en una suerte de renovación constante.
Dices: “La pintura es un retrato del alma. Has de encontrar tu forma personal. No puedes traicionarte”. Y ahora que lo repito yo, ¡suena tan hueco!
Hay que oírtelo decir a ti y luego ver tus cuadros como ventanas, para comprender que esa pintura tuya, llena de modelos imperfectos, de cosas cotidianas y anodinas, nos regala la alegría de una naturaleza que Dios perfecciona al asumirla.
"Igual que los demás, naciste en cautiverio, en una prisión que no puedes ni oler ni saborear ni tocar. Una prisión para tu mente. Por desgracia no se puede explicar lo que es Matrix. Has de verla con tus propios ojos. Esta es tu última oportunidad. Después, ya no podrás echarte atrás. Si tomas la pastilla azul, fin de la historia: despertarás en tu cama y creerás lo que quieras creerte. Si tomas la roja, te quedas en el País de las Maravillas y yo te enseñaré hasta dónde llega la madriguera de conejos. Recuerda, lo único que te ofrezco es la verdad. Nada más. Sígueme."
¿Quien escribe estas cosas de mí?