No por mucho madrugar amanece más temprano pero son las 6.30 a.m y protestas a dúo con el motor que engulle la negrura.
Hay un atasco monumental en la carretera y no llegas. Te libras del choque en cadena pero no del segundo pinchazo consecutivo de dos ruedas que te desinfla el ánimo por completo, ni de una colisión con quien quieres que acaba en precario arreglo amistoso.
Otra vez no llega el periódico, sigues sin ADSL y el banco te devuelve el recibo del gas. Te atiza la Política de Acoso al Cliente y caes a tierra. Sacas toda la bilis para levantarte. Haces que trabajas. Vuelves a casa, llamas a la grúa y practicas terapia de grupo por sobrevivir.
Logras escapar a la ley de Murphy y acabas la tarde abandonándote al tempo pianissimo de Bier y al fuego lento de Nettelbeck en la batuta y el cucharón experto de Alberto Fijo. Te despides a la francesa para acudir a un encuentro furtivo en la capillita de la Puerta de Jerez donde se detienen por completo los relojes.
Llegas a casa contenta pero descubres que olvidaste algo importante. Ves un reportaje sobre los contrastes de la India que te deja para el arrastre. Antes de cerrar los ojos tienes tiempo de sentir el calor mullido del cariño al doblar la esquina del día, pero queda la sensación de haber callado todo a fuerza de palabras.
Duermes la vela o velas el sueño, tanto da, mientras depositas tu esperanza donde el orín y la polilla no los corroen. Te levantas y lamentas que hoy, precisamente hoy, haya llegado el periódico, con su zarpazo en la portada.
Y entonces descubres que todo lo de ayer era necesario. Que es bueno tener un coche que arreglar, una cama en la que no lograr conciliar el sueño, una familia a la que pedir perdón, un corazón con sus extrasístoles para restañar. Porque todo es hermosamente verdadero.
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"Igual que los demás, naciste en cautiverio, en una prisión que no puedes ni oler ni saborear ni tocar. Una prisión para tu mente. Por desgracia no se puede explicar lo que es Matrix. Has de verla con tus propios ojos. Esta es tu última oportunidad. Después, ya no podrás echarte atrás. Si tomas la pastilla azul, fin de la historia: despertarás en tu cama y creerás lo que quieras creerte. Si tomas la roja, te quedas en el País de las Maravillas y yo te enseñaré hasta dónde llega la madriguera de conejos. Recuerda, lo único que te ofrezco es la verdad. Nada más. Sígueme."