¡Qué lunes extraño! No hay crispación en los rostros ni conciertos desafinados por la calle. Se diría que es mañana de domingo y que nos asimos a un sueño resbaladizo segundos antes de despertar.
Y sin embargo, es lunes y es octubre. Huele a café y hay vestigios de alegría por las calles. Una mujer en bicicleta sonríe cómplice cuando cruzamos veloces el semáforo en rojo. Nos une el goce de la infracción.
El verano cierra el telón, pero antes regala un último bis de veleros azules sobre el fulgor de la tarde, de conversación como tierra arada y fértil, de bailes risueños y lecturas decadentes.
En el paladar queda el regusto almibarado y áspero de la carne de membrillo para sobrevivir a las tardes de invierno.
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"Igual que los demás, naciste en cautiverio, en una prisión que no puedes ni oler ni saborear ni tocar. Una prisión para tu mente. Por desgracia no se puede explicar lo que es Matrix. Has de verla con tus propios ojos. Esta es tu última oportunidad. Después, ya no podrás echarte atrás. Si tomas la pastilla azul, fin de la historia: despertarás en tu cama y creerás lo que quieras creerte. Si tomas la roja, te quedas en el País de las Maravillas y yo te enseñaré hasta dónde llega la madriguera de conejos. Recuerda, lo único que te ofrezco es la verdad. Nada más. Sígueme."