La imagen de Kenji Nagai tendido en el suelo de Rangún y aferrado a su cámara se ha convertido en un icono.
Aprieta el soldado el gatillo y el fotógrafo nipón dispara el obturador después de apuntar al cielo como buscando allí su última primicia.
La escena tomada por un colega ha dado la vuelta al mundo porque ninguna dictadura es capaz de poner diques al cauce de la verdad, tan sólo el desecho de la propia ignorancia culpable.
Los monjes han cubierto pacíficamente las calles con su manto azafrán ensangrentado, apoyados por las comunidades musulmanas y católicas, y por los estudiantes. Para que luego digan que hay que abolir las religiones porque son causa de injusticia e intolerancia.
Nagai había pedido ir a Birmania porque “alguien tiene que ir y cubrir las áreas a las que nadie quiere ir”. Daría lo que fuera por ver esa última foto.
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"Igual que los demás, naciste en cautiverio, en una prisión que no puedes ni oler ni saborear ni tocar. Una prisión para tu mente. Por desgracia no se puede explicar lo que es Matrix. Has de verla con tus propios ojos. Esta es tu última oportunidad. Después, ya no podrás echarte atrás. Si tomas la pastilla azul, fin de la historia: despertarás en tu cama y creerás lo que quieras creerte. Si tomas la roja, te quedas en el País de las Maravillas y yo te enseñaré hasta dónde llega la madriguera de conejos. Recuerda, lo único que te ofrezco es la verdad. Nada más. Sígueme."
Eso sí, si los obispos apoyan manifestaciones por la libertad de educación se inmiscuyen donde no los llaman. O eso dicen algunos de los mismos que jalean a los monjes.
Sobre todo, los obispos lo que hacen es llamar la atención sobre la perversidad de las políticas educativas y reconocer el derecho de los padres a defender la libertad de enseñanza con todos los medios lícitos a su alcance, incluida la manifestación.
Como hace en Birmania que, aun explicando que el Código de Derecho Canónico no permite a sacerdotes y monjes participar en las protestas pacíficas por la democracia y la libertad ni formar partidos, llama la atención sobre la libertad que tienen los laicos de intervenir como les dicte su recta conciencia.
En cuanto a la presencia de obispos en las manifestaciones, tengo que reconocer que cada vez me gustan menos las exhibiciones de sotanas.
Cuánto sentido común en esta entrada y en sus comentarios.
Te han dado un excepcional premio en mi blog EX ORBE; ve a recogerlo, please.
+T.
¡Un millón de gracias! ¡Qué bonita rosa! Allí te contesto con más extensión.
Muy buenos comentarios, me ha dado qué pensar.