Iba de mañana rumiando agravios. Ya barruntaba yo que estos días habría marejadilla interior. Tomaba un agravio como se toma el aire o un bocado, con ansia: lo mascaba bien, tragaba, regurgitaba y vuelta a empezar.
En esas, el Gran Creativo me sorprende desde un cartel publicitario de no recuerdo qué nuevo producto: “¿Has probado alguna vez a decir lo que piensas?”. Debe ser de esos anuncios sorpresivos que se van desvelando por fases, pero a mí ya me ha dicho todo de un golpe. No es la primera vez que utiliza esta técnica. Se ve que me ataca por la deformación profesional por si entra mejor la lección. Gran pedagogo.
Sonrío y acepto el reto. -¿De verdad quieres que diga toooodo lo que pienso? Te advierto que no estoy muy fina últimamente. Recuerda el lamentable episodio del almuerzo del lunes, la lengua viperina, sin cascabeleo avisador, aquel veneno mortal que primero me dejó tan perpleja como a los otros; luego me encastilló en la justificación –eco de aquel “la serpiente me engañó”- y por último me ofreció la hoja de parra para tapar mis vergüenzas.
-Ya mujer, pero es que depende de cómo se digan las cosas. No seas primaria. Entre envenenarte tú y envenenar a los demás hay un término medio. No basta con decir lo que se piensa. También hay que pensar lo que se dice.
-¡Muy bueno! Lo puedes anunciar mañana en un cartel para que lo lea quien yo me sé. Te brindo la idea: “¿Has probado alguna vez a pensar lo que dices?”
Se hace un suspiro y luego el silencio. Ensayo un mohín ufano y caprichoso, pero un pescozón me recuerda el ridículo de anteayer y las veces que tuve que pedir disculpas por mi falta pública de dominio.
Vale, tú ganas. “Ahora me duele el odgullo“, como a Guille cuando Mafalda le pregunta si le siguen doliendo los pies tras advertirle que lleva puestos los zapatos al revés.
Hay pecados que llevan en sí la penitencia. Espero que, al menos, resten purgatorio.
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"Igual que los demás, naciste en cautiverio, en una prisión que no puedes ni oler ni saborear ni tocar. Una prisión para tu mente. Por desgracia no se puede explicar lo que es Matrix. Has de verla con tus propios ojos. Esta es tu última oportunidad. Después, ya no podrás echarte atrás. Si tomas la pastilla azul, fin de la historia: despertarás en tu cama y creerás lo que quieras creerte. Si tomas la roja, te quedas en el País de las Maravillas y yo te enseñaré hasta dónde llega la madriguera de conejos. Recuerda, lo único que te ofrezco es la verdad. Nada más. Sígueme."
Hay quien dice que el infierno está en la tierra, y me lo dicen a veces para provocarme. Y yo respondo, de acuerdo, quizá sea así, entonces ¡qué maravilloso debe ser el cielo! Me gusta esta entrada providencialista, y que hayas citado al gran Guille.
Gracias, hermano. Ah, el gran Guille. Habría que hacerle un monumento.