La visión que Georges Bernanos nos dejó de los años cincuenta adquiere consistencia de pedernal en nuestros días según el principio de Paneque ”cualquier situación, por mala que sea, es susceptible de empeorar”.
“La desgracia mayor del mundo, en el momento en que hablo, es que nunca ha sido tan difícil como ahora distinguir entre los constructores y los destructores, porque nunca la barbarie ha tenido unos medios tan poderosos para abusar de las decepciones y de las esperanzas de una sociedad ensangrentada, que duda de sí misma y de su futuro. Nunca el mal ha tenido una ocasión tan propicia para fingir que lo que hace son las obras del bien. Nunca el diablo ha merecido tanto el nombre que ya le daba San Jerónimo, el de mono imitador de Dios”.
Y para ponerme a salvo de las acusaciones de aguafiestas, pesimista y decadente me agarro al realismo ardiente de este clavo:
“El optimismo es un sucedáneo de la esperanza que se puede encontrar fácilmente en cualquier parte, incluso, por ejemplo, en el fondo de una botella. La esperanza, en cambio, se conquista. No se llega a la esperanza sino a través de la verdad, al precio de grandes esfuerzos y de larga paciencia. Para encontrar la esperanza, hay que estar más allá de la desesperación. Cuando se va a hasta el final de la noche, uno se encuentra con un nuevo alborear. La forma más alta de la esperanza es la desesperación superada”.
La libertad, ¿para qué? Georges Bernanos
Quizá, parte del problema de nuestra sociedad es que peca de optimismo mórbido, ateroesclerótico y hemipléjico y necesita que le inoculemos la dosis justa de desesperación desactivada para enfrentarse al futuro con coraje.
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"Igual que los demás, naciste en cautiverio, en una prisión que no puedes ni oler ni saborear ni tocar. Una prisión para tu mente. Por desgracia no se puede explicar lo que es Matrix. Has de verla con tus propios ojos. Esta es tu última oportunidad. Después, ya no podrás echarte atrás. Si tomas la pastilla azul, fin de la historia: despertarás en tu cama y creerás lo que quieras creerte. Si tomas la roja, te quedas en el País de las Maravillas y yo te enseñaré hasta dónde llega la madriguera de conejos. Recuerda, lo único que te ofrezco es la verdad. Nada más. Sígueme."
A mí siempre me ha gustado pensar el optimismo como el hijo de la esperanza y la fortaleza. La madre, la esperanza, nos asegura que obtendremos lo que esperamos. Y la fortaleza es la mano fuerte que nos encamina hacia ese horizonte que no podemos poseer por nuestras solas fuerzas, pero que tampoco nos será dado de forma pasiva.
Porque la esperanza es seguridad se puede agrandar la boca del deseo. ¿Cuanto? todo lo que uno esté dispuesto a estirarse.
Realmente peca de nihilista. Aunque lo disfrace de carnaval.
Es lo que tiene esto de diseccionar citas…
Dudo mucho que se pueda definir a Bernanos como nihilista. Más bien diría que ataca el optimismo burgués y comodón y defiende la esperanza que surge del reconocimiento de que las cosas van mal, muy mal, pero que hay Alguien que ya ganó la partida hace tiempo que reclama nuestra colaboración para que las cosas mejoren.
Quizá lo que ocurra aquí es que hay un sujeto elíptico con mayúscula.
Anacó, me ha gustado la última idea que propones. Haré ejercicios de estiramiento. Me noto un poco oxidada.
Te equivocas de sujeto.
“El problema de nuestra sociedad es que peca de optimismo mórbido…”
A lo cual, Agus respondió: …
Ja, ja. No me lo tengas en cuenta. Hoy mismo le he preguntado a una amiga por el funeral de su tío y no se había muerto ni ná, sólo le había dado un infartito. Vamos, que ahora estará de parranda y todo. ¡Qué vergüenza! Llevo un par de días…