El llanto de la jacaranda marca el cambio de estación en el sur.
Cuando en otras ciudades aún no han llegado los aromas primaverales, aquí se instala la contradicción: las calles se vacían y las piscinas se llenan; las chicharras amenazan a coro la siesta de los lagartos; el cielo extiende su manta y las muchachas y las serpientes se despojan la piel; la sangre se adensa y las pulsiones se sueltan la melena.
Temo los primeros compases del verano, con su preludio de silencio, su tensa espera, su sintomatología de parálisis, vómito y juicio final.
Y es esta melancolía incubada, fruto del peso del día y del calor, de la promesa vacacional o de los últimos compases tragicómicos previos a la caída del telón parlamentario, la que tiñe de desesperanza el espíritu.
Así, como estamos, me revuelco en la sombra triste y malva y sólo me consuelan los espíritus afines. Nada más deprimente que un optimista extemporáneo y arrítmico.
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"Igual que los demás, naciste en cautiverio, en una prisión que no puedes ni oler ni saborear ni tocar. Una prisión para tu mente. Por desgracia no se puede explicar lo que es Matrix. Has de verla con tus propios ojos. Esta es tu última oportunidad. Después, ya no podrás echarte atrás. Si tomas la pastilla azul, fin de la historia: despertarás en tu cama y creerás lo que quieras creerte. Si tomas la roja, te quedas en el País de las Maravillas y yo te enseñaré hasta dónde llega la madriguera de conejos. Recuerda, lo único que te ofrezco es la verdad. Nada más. Sígueme."
-Ay, Bernanos está bien, pero sobraba en esta entrada que era un proema ya de por sí. Me encanta lo del juicio final, porque el único complejo que yo sufro a veces es el complejo de juicio final… Hablaremos.
Seguiré tu consejo y el de Anacó en su entrada de hace unos días “Escritura y amistad”. Gracias, amiga. EL texto ha mejorado sustancialmente.
Qué contradicción, acabo de caer en que, con las amigas del blog, sólo se puede estar… ¡escribiendo!