Mañana, día de San Fernando, fiesta en Sevilla, iré seguramente a la costa por imperativo familiar. Y me debato entre mi amor irracional al océano y la aversión a la ligereza de ropa que un día de playa exige.
Ya dije que los excesos del invierno han pasado factura en el IMC y aunque al final de la Pascua adquirí tardíos y alarmantes hábitos cuaresmales, la dieta del chicle sin azúcar aún no ha surtido el efecto deseado.
Por eso, pido a Dios para mañana un poniente de esos que fustiga a los habituales u ocasionales bañistas con sus látigos de arena y espuma y les obliga a tiritar embozados en la toalla. Nada más hermoso que un mar agreste de bandera roja: un mar gallego de esos que levanta de la poltrona.
Qué egoísta, dirán algunos. Pues sí, qué hay de malo en pedir. Por pedir, que no quede. Con todos los que somos en el mundo ya se sabe que nunca llueve a gusto de todos y que el sol sale sobre buenos y malos, que ya Dios repartirá suerte según a él le plazca. No me toca a mí ser el Todopoderoso, como a Jim Carrey, que si no… ¿O acaso no encargó alguien el granizo del otro día y la nieve de Granada? Y los demás aguantamos las inclemencias sin chistar, sobre todo los agricultores del valle del Jerte que se han quedado sin cerezas.
Pero sobre todo pido la despreocupación del gordo feliz que envidio estos días en el artículo de Prada y en el último diario de Trapiello, por el que avanzo como el caracol, lenta pero segura, dejando un rastro de sonrisas y de palabras ignotas y subrayadas.
Hago mío lo que decía Prada: “por lo menos que disfruten los gusanos”. Total, dentro de cien años todos calvos y canijos, como el pobre San Fernando, incorrupto, riente y amojamado, al que los sevillanos y turistas que no se dediquen a la fotosíntesis irán a visitar mañana por devoción, por curiosidad o por envidia, sobre todos los anoréxicos, los bulímicos, los cansados de vivir y los santos.
Para solaz y consuelo de los que hemos puesto kilos este invierno dejo los enlaces al artículo de Juan Manuel de Prada y este alegato de la gordura de Trapiello:
“No se verá a uno gordo que se enzarce en las cuestiones domésticas. Los gordos pesimistas son igual de raros que los flacos optimistas, por lo mismo que el moralista suele partir de una minusvalía, Leopardi jorobado, Rémy de Gourmont con la cara desfigurada, Chamfort sifilítico, Lichtenberg cojo… El flaco, de pecho hundido, acaba clavándose la mirada en el esternón, o desperdiciándola en el suelo, y eso los acaba volviendo resentidos, misántropos y melancólicos. Y como una cosa trae la otra, se acaban muriendo de tuberculosis. Los gordos no, a los gordos podrá llevárseles por delante la apoplejía, pero se van de este mundo riéndose. Y como además comen tanto, acaban conociendo y tratando a mucha gente. El flaco no, el flaco es taciturno y rumia sus monólogos hamletianos. Los dictadores pueden engordar en el cargo, pero parten siempre de una grave disfunción orgánica, como Franco, que era, según cuentan, ciclán”.
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"Igual que los demás, naciste en cautiverio, en una prisión que no puedes ni oler ni saborear ni tocar. Una prisión para tu mente. Por desgracia no se puede explicar lo que es Matrix. Has de verla con tus propios ojos. Esta es tu última oportunidad. Después, ya no podrás echarte atrás. Si tomas la pastilla azul, fin de la historia: despertarás en tu cama y creerás lo que quieras creerte. Si tomas la roja, te quedas en el País de las Maravillas y yo te enseñaré hasta dónde llega la madriguera de conejos. Recuerda, lo único que te ofrezco es la verdad. Nada más. Sígueme."
Por mucho que admire a Juan Manuel, uno de mis articulistas preferidos, tengo que hacer cierta crítica a su actitud. Él siempre habla de las bondades de ir en contra de la estética actual, de su orgullo por sus michelines que tanto que ha costado obtener. Pero él también es culpable como lo somos casi todos los hombres de que las mujeres esten tan obsesionadas por estar delgadas y siempre bellas (en la actualidad también se puede aplicar a los hombres).
¿Por qué digo que es culpable? muy sencillo, a lo largo de estos años en varios articulos habla de sus musas cinematográficas como Elizabeth Berkley (protagonista de Showgirl), Sharon Stone y demás mujeres “perfectas” en lo que a lo fisico se refiere claro. Incluso en una entrevista le preguntaron que se llevaria a una ísla desierta y sin dudarlo dijo que a Scarlett Johanson. Aún me pregunto que cara pondria su esposa al oirlo jeje, que por cierto era la tia buena de su clase que pasaba de él hasta que se alzó con el premio Planeta (C. L. Schlichting dixit).
Por tanto, apreciado Juan Manuel, deberia predicar más con el ejemplo y no meterse tanto con las pobres mujeres acomplejadas que se operan para sentirse tan deseadas como Scarlett Johanson. Ya nadie quiere ser un patito feo.
Ay, ¿pero no te das cuenta de que la ficción y el humor son imprescindibles para no morir de exceso de realismo?
Que vivan las paradojas. A mí me parece perfectamente compatible admirar la esbeltez de una modelo y alabar las bondades del gordo.
Y, Quevedo, esto mismo que dices es prueba empírica de lo perniciosa que es la delgadez: dejemos a un lado las referencias personales, aunque sean de personajes públicos.
Jo, pues yo llevo un tiempo acomplejado porque voy viendo cómo ese pequeño flotador sobre mi cadera no solo se mantiene, sino que poco a poco crece. Y me cuesta tannnnnnnto dejar de comer y, sobre todo, no pimplarme tanta cerveza…
A ver si me pongo en serio a hacer deporte. Snif.
Tienes razón Batiscafo, espero que me disculpe el hecho de desconocer lo inapropiado en este blog de las referencias personales. Te garantizo que no volvere a caer en ello.
Espero que tambien sea atenuante de mi falta, el visionado de un programa matinal donde tal célebre escritor es contertulio y personalmente creo que juzgó con pelín de crueldad a las mujeres que se someten a la cirugia estética como a los profesionales que la realizan. Le faltó caridad cristiana como me ha faltado hoy a mi con su figura.
Bueno, tampoco te pongas así… El programa matinal no lo vi.
La mejor forma de combatir los complejos es superarlos con sobredosis de personalidad.
A mí me dan mucha pena esas mujeres sufrientes y denuncio a esta sociedad que impone modelos inalcanzables, inhumanos y antifemeninos, sobre todo desde edades tempranas en las que una busca la afirmación del entorno, del grupo.
Quizá suene muy serio lo que escribo, pero lo escribo con una sonrisa en los labios. Ya sabes que lo que se escribe(y mal como es mi caso)a veces parece distinto el tono si se vieran las caras.
Todos somos humanos y tenemos nuestras contradicciones!!!! jejeje
.)
pero que exagerados sois…aunque os comprendo un poco…..;)
“Total, dentro de cien años todos calvos y canijos, como el pobre San Fernando, incorrupto, riente y amojamado, al que los sevillanos y turistas que no se dediquen a la fotosíntesis irán a visitar mañana por devoción, por curiosidad o por envidia,(…)” Yo con esto me quedo y que rían y recen los gordos, los flacos y los feos, (ah, y las rubias guapas que tienen el sanbenito de tontas, así gratis et amore, las pobres)
Las tontas, dirás.
Je, je.
Una gran entrada. A veces no nos miramos con la misericordia con la que miramos a los demás, y lo que en otros son defectillos sin importancia en uno son grandísimos defectos. Esperamos (al menos, yo espero) crónica de este día de playa.
Habrá crónica…
Lo bueno de haber leído esta entrada (tan suculenta) después del aperitivo es que ahora estoy muy animado para ponerme a régimen.
Como dirían los álvarez Quintero, ¡tienes el ángel por arrobas!