
…a la mitad norte peninsular, para que ejercite la esperanza, y a la mitad sur insular, donde habrá quien agradezca esta primicia de ofrenda floral a La Paz. (Fotos tomadas en Sevilla al día siguiente del equinoccio, o sea ayer, y publicadas hoy, Día Meteorológico Mundial, por lo visto).
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"Igual que los demás, naciste en cautiverio, en una prisión que no puedes ni oler ni saborear ni tocar. Una prisión para tu mente. Por desgracia no se puede explicar lo que es Matrix. Has de verla con tus propios ojos. Esta es tu última oportunidad. Después, ya no podrás echarte atrás. Si tomas la pastilla azul, fin de la historia: despertarás en tu cama y creerás lo que quieras creerte. Si tomas la roja, te quedas en el País de las Maravillas y yo te enseñaré hasta dónde llega la madriguera de conejos. Recuerda, lo único que te ofrezco es la verdad. Nada más. Sígueme."
Estaba yo aquí dándome golpes contra el ordenador como si fuera un muro de las lamentaciones, pensando en ese «estúpido» examen que tengo dentro de una semana y en otros pequeños dramas… Y ¡ay! me encuentro en tu batiscafo con esta luz sevillana, con estas flores en la calle Río de la Plata, y me ganan la paz y la promesa de victoria. Muchísimas gracias.
Ayer pasé por ahí y no pude resistirme. Esas flores de nandumbus ya no estarán el Domingo de Ramos y las glicinias de este maravilloso balcón de la calle Brasil son las primeras del año. Me alegro de que animen la aridez de tu estudio.
Ya sabes lo de aquel graffiti terrible: “La esperanza es lo último que se perdió”.
Pero no, en el Norte conservamos la esperanza (y si no, nos iremos a Sevilla).
Tremendo graffiti.
Lo de venir a Sevilla… ¡tened por seguro que seríais muy bien acogidos!
¡Ay! ¡Sevillanía, sevillanía, sevillanía! Habrá que perder la esperanza e ir a recuperarla en Sevilla, durante la madrugá. ¡Gracias por estas fotos!
“Acacia real”, así llamaban a las glicinias una pareja de boticarias que traté (yo con veinticinco, ellas ochenteando); cada vez que veo esas flores malvacelestonas, me acuerdo de ellas dos: Se llamaban una Gracia y otra Virtudes; de verdad: Gracia y Virtudes, como el tratado de Teología, pero en carne mortal (y tan encantadoras como las glicinias florecidas, también).
Delicioso apunte, Terzio. ¡Muchísimas gracias!
Hay otro grafitti, no muy lejos de Sevilla, que reza: “Pantoja al talego”
Pura poesía…
¡Ja, ja! Bienvenido/a