Amanece marzo y huele a primavera pero el mundo pregona perdón a los asesinos y condena a los enfermos terminales.
Desde la cornisa un mirlo vestido de levita me corteja burlón con sus silbos. Promesas de amores fatuos.
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"Igual que los demás, naciste en cautiverio, en una prisión que no puedes ni oler ni saborear ni tocar. Una prisión para tu mente. Por desgracia no se puede explicar lo que es Matrix. Has de verla con tus propios ojos. Esta es tu última oportunidad. Después, ya no podrás echarte atrás. Si tomas la pastilla azul, fin de la historia: despertarás en tu cama y creerás lo que quieras creerte. Si tomas la roja, te quedas en el País de las Maravillas y yo te enseñaré hasta dónde llega la madriguera de conejos. Recuerda, lo único que te ofrezco es la verdad. Nada más. Sígueme."
Me pregunto a qué clase de humanidad se refiere el gobierno, cuando se llena la boca con el adjetivo “humanitario”…
El problema de fondo es el que llevamos sufriendo de unos años a esta parte: la prostitución del lenguaje, el vaciamiento de las palabras.
No se puede identificar ‘legalidad’ con ‘justicia’, ni ‘moral’ con ‘legal’. Sus ámbitos de realidad son diferentes, y como tales deberían ser tratados.
Confundamos las palabras para confundir a las personas, juguemos con el lenguaje para jugar a nuestro antojo con los ciudadanos. Manoseemos los términos y estaremos tergiversando al humano.
Hace tiempo que Rouseau fue enterrado y su lápida borrada, cubierta de tierra, sepultada en el olvido. Hace tiempo que la democracia sólo es introducir un papelito en una urna cada cuatro años. Hace tiempo que las palabras “sociopolítica”, “bien común” y “servicio” fueron expulsadas del hemiciclo. Y así nos va…
Anoche un mirlo -de negras vestiduras, también- surgió inesperadamente en la pantalla de mi portátil. Su canto serenó mi intranquilidad por momentos. Lo duro fue el retorno a la realidad de la actualidad “política” de este triste y abatido país.
Muy acertado, Valea. Ésta es una viejísima estratagema. Suerte que tenemos el Logos y que sabemos de su victoria sobre el padre de la mentira. Ésta tiene sus acólitos a lo largo y ancho de la Historia, pero Aquél cuenta con fieles transmisores. No podemos claudicar. Hay mucho por hacer en el campo de las humanidades, de la política, de la ciencia. Y el final es feliz.
Y nada mejor para ilustrarlo que la entrada de Anacó del domingo. Como ella es discreta y no lo dirá, lo hago yo:
http://rafagadeletras.blogspot.com/2007/03/de-vuelta-las-palabras-y-las-cosas.html