Los humanos tenemos la insana costumbre de admirarnos del milagro de la multiplicación de los panes y despreciar, al tiempo, el pan que se nos brinda cada día.
El domingo alababa la gracia trianera sin advertir que cada mañana, cuando voy al trabajo, se me otorga el derecho de transitar, no ya por la Prosperidad, sino por el Porvenir y por el Progreso, que tampoco son cosa baladí.
Mi trayecto diario cubre desde las inmediaciones de Heliópolis hasta el barrio de El Porvenir y constituye todo un periplo por la geografía y por el ánimo de Hispanoamérica: Montevideo, Bogotá, Colombia, Valparaíso…
Como dueña que soy de mi destino y de los caminos que a él conducen, unas veces enlazo la Palmera con La Borbolla y Tabladilla, y otras –cuando salgo de casa con tiempo- avanzo por el paseo, enmimismada en los pabellones de la Exposición del 29, hasta llegar al Parque de María Luisa, que cruzo por la Plaza de América.
Hoy, que llevo prisa, me decido por el camino más breve. En un ensanche de la calle Valparaíso hay siempre un panadero. Cuando yo llego a esa altura del barrio, él todavía está allí, como el dinosaurio de Monterroso. No sé el tiempo que lleva, pero lo veo labrándose el Porvenir, afanado, con sus bolsas llenas de pan y sus gritos: ¡Aaaayyyyy!, que no sé si son de pena o de gozo, pero que siempre encuentran eco en alguna ventana jubilosa.
El panadero no tiene más que un coche destartalado con un maletero sujeto por el palo de una escoba en el que muestra su mercancía, pero es el dueño del lugar y administra su negocio y su saludo con generosidad, como la barrendera de la calle Progreso un poco más abajo. Os aseguro que ni el mismísimo virrey de Valparaíso actuaría con más imperio y señorío.
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"Igual que los demás, naciste en cautiverio, en una prisión que no puedes ni oler ni saborear ni tocar. Una prisión para tu mente. Por desgracia no se puede explicar lo que es Matrix. Has de verla con tus propios ojos. Esta es tu última oportunidad. Después, ya no podrás echarte atrás. Si tomas la pastilla azul, fin de la historia: despertarás en tu cama y creerás lo que quieras creerte. Si tomas la roja, te quedas en el País de las Maravillas y yo te enseñaré hasta dónde llega la madriguera de conejos. Recuerda, lo único que te ofrezco es la verdad. Nada más. Sígueme."
Gran itinerario, un lujo frente a los atascos, las autopistas, las naves industriales… Me «llega» especialmente esto que cuentas porque el Porvenir es el barrio donde suelo pasar mis estancias sevillanas, tan cerca de ese Parque que tú atraviesas. ¡Ay, cuánto me gusta Sevilla!