Vita mutatur, non tollitur

Hora del ángelus en el cementerio de San Fernando. Un pensamiento agudo me conduce de las palabras de Gabriel al Calvario cuando suena nítido el canto del gallo. Hoy debería llorar amargamente y, sin embargo, qué rara paz.

El Cristo extiende los brazos hacia el féretro y decimos: “No nos dejes caer en la tentación”. No a ella, Señor, que ya alcanzó su corona, sino a nosotros que aún vacilamos en la encrucijada.

Se abre paso la oración por la calle de la Esperanza donde aguarda el panteón entre cipreses impostores. Detesto estos árboles y sus falsas promesas de inmortalidad. Preferiría camposantos de álamos desnudos y amortajados que no ocultan su caducidad con ropajes perennes.

Para desear el Cielo no necesito cipreses. Me basta el “vita mutatur, non tollitur” que corona esta sepultura. El epitafio, tanta veces oculto por las zarzas, sella hoy mis labios que se han vuelto marmóreos en un ensayo de su propia muerte. El viento se levanta efectista para impresionarnos, y nosotros, los desterrados hijos de Eva, juntamos la pena y la fe para darnos calor.

Se dice que se muere como se vive y nuestra querida Pame se ha ido sorprendiéndonos, como hacía siempre. Al mirarla anoche, entre velones y flores de luz y belleza prestada, su rostro y sus manos parecían contener un gesto travieso y guasón de triunfo.

No quiero perderme nada. He de aprender esta lección de bienmorir. “Ea, pues, Señora, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos. Y después de este destierro, muéstranos a Jesús”, con la dulzura que se lo mostraste a Pame, conduciéndola de la vida a la Vida, pasando en volandas por la muerte.

3 comentarios

  1. lo siento, de verdad.el otro día comentaba con un grupo de adolescentes que una sola cosa me preocupaba de la muerte, que es, claro ,mucho más de lo que parece.es el hecho de saber quién vendrá a mi entierro, porque eso indicará si hice todo el bien que quiso Dios que hiciera o si desperdicié las oportunidades que me dió.
    por otra parte ,los cementerios me ponen enfermo, no ellos, que son románticos en el sentido en que yeats lo tomaría, sino el pensar en la descomposición de los cuerpos, la putrefacción de la carne que antes fué una persona.y siempre pienso lo mismo”…de un puente, ahora mismo, sin dudarlo, de no ser por Tu palabra.”
    a pesar de todo me ha gustado mucho tu entrada.

  2. A pesar de todo, amigo j.m, lo único seguro es que somos mortales, que estamos de paso y que nuestro destino es la inmortalidad junto a Dios.

    A mí también me hace temblar la muerte con todo su cortejo de circunstancias. Ayer me consolaba la vida de esta persona y el homenaje agradecido de todos los que la acompañábamos. Pero me horripila la soledad del tránsito, el abandono de lo seguro y conocido y la descomposición.

    No en vano, somos uno: cuerpo y alma. La separación de ambos me parece un trámite repugnante. Cosas de Adán y Eva. Aunque otros lo hubiéramos hecho todavía peor.

  3. A mi me gustan los cementerios, el silencio expectral de los que duermen para resucitar en la eternidad, me gusta esa paz trascendente que me hace sentir que estamos hechos para el más allá y que un alma que ha vivido por y para los demas culminanado su existencia terrena con el sufrimiento de la muerte es recibido por el abrazo amoroso del Padre que espera en el umbral de las puertas del cielo. Yo también lo he vivido recientemente…Animo

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