
Eduardo Tagua. “Nacido en 1936 o 1939, nunca lo he sabido”, en la cárcel de Málaga ”donde mi madre, que era una reclusa, me parió”. Cincuenta años en prisión por haber robado colonia a una monja y otros delitos menores e incluso inexistentes de los que se autoinculpa para volver a lo que considera “su casa”.
Una vida determinada por las circunstancias. ”Cada uno tiene su destino, y el mío es estar entre rejas”, asegura a las puertas del penitenciario de Albolote donde reivindica su reingreso desde hace dos días.
Un hombre libre que no se siente libre. “No sé vivir fuera. Prefiero vivir entre los presos y los funcionarios, que al fin y al cabo son mi única familia”.
Un visionario. “Me da asco esta sociedad. Fuera no estoy seguro y cuando me echan es cuando realmente me siento preso”.
En esta sociedad corrupta ya no se sabe quiénes son más libres e inocentes, si los que están dentro o los que estamos fuera.
Eduardo Tagua es todo un símbolo.
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"Igual que los demás, naciste en cautiverio, en una prisión que no puedes ni oler ni saborear ni tocar. Una prisión para tu mente. Por desgracia no se puede explicar lo que es Matrix. Has de verla con tus propios ojos. Esta es tu última oportunidad. Después, ya no podrás echarte atrás. Si tomas la pastilla azul, fin de la historia: despertarás en tu cama y creerás lo que quieras creerte. Si tomas la roja, te quedas en el País de las Maravillas y yo te enseñaré hasta dónde llega la madriguera de conejos. Recuerda, lo único que te ofrezco es la verdad. Nada más. Sígueme."