Seguimos con las greguerías para tiempos de crisis y alerta roja:
Los estornudos son saludables:
por ellos se van los malos espíritus.
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Llegando a cierta edad resulta doloroso
dedicar poemas al otoño.
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Me alegran los días tristes.
Obviamente no soy del Sur.
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Qué importa que llueva si al final espera un beso.
Archivado bajo: Cuaderno de bitácora
"Igual que los demás, naciste en cautiverio, en una prisión que no puedes ni oler ni saborear ni tocar. Una prisión para tu mente. Por desgracia no se puede explicar lo que es Matrix. Has de verla con tus propios ojos. Esta es tu última oportunidad. Después, ya no podrás echarte atrás. Si tomas la pastilla azul, fin de la historia: despertarás en tu cama y creerás lo que quieras creerte. Si tomas la roja, te quedas en el País de las Maravillas y yo te enseñaré hasta dónde llega la madriguera de conejos. Recuerda, lo único que te ofrezco es la verdad. Nada más. Sígueme."
Qué importa que llueva si al final espera un beso! Qué bueno!!!!
Te agradezco mucho el comentario, Rocío.
Nunca hubiera valorado esos “versículos” nacidos de la visión de dos novios “enajenados” junto al río y en medio del diluvio universal.
Ya ves, cuando menos se espera salta la liebre.
“Me alegran los días tristes.
Obviamente no soy del Sur.”
Jo, qué gallego suena esto…
Algún ancestro hay. Gallego, no, pero sí cántabro: mi abuelo materno era de Castrourdiales para más señas.
La verdad es que los nublados me suben la moral y la lluvia me inspira, no sé porqué.
Es que la lluvia es arte, una musa para los poetas. Pregúntaselo a cualquier compostelano.