El día “D” a la hora “H” sufrí una emboscada, que aún me mantiene en estado de alerta.
Mientras me rendía al descanso, minúsculas y concurridas autopistas se extendían bajo mis pies como una amenaza.
El error táctico no tiene perdón: en medio del desenfreno más total cientos de hormigas se entregaban a la bacanal de los restos de almíbar de un pastel argelino que arrojé a la papelera.
Mi única salida fue provocar un exterminio del que ahora me siento culpable.
Y me asalta el insomnio metafísico: ¿cuál es la hormiga centinela que avisa al resto?, ¿cuántos parásitos viven de nuestro descuido?, ¿cuándo duermen los insectos?, ¿por qué no chocan en sus frenéticas carreras?, ¿cómo es posible vivir ajeno a la traición y al enredo?
¿Y, el origen de todas mis aprensiones, ¿qué día seré yo el objeto del banquete?
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"Igual que los demás, naciste en cautiverio, en una prisión que no puedes ni oler ni saborear ni tocar. Una prisión para tu mente. Por desgracia no se puede explicar lo que es Matrix. Has de verla con tus propios ojos. Esta es tu última oportunidad. Después, ya no podrás echarte atrás. Si tomas la pastilla azul, fin de la historia: despertarás en tu cama y creerás lo que quieras creerte. Si tomas la roja, te quedas en el País de las Maravillas y yo te enseñaré hasta dónde llega la madriguera de conejos. Recuerda, lo único que te ofrezco es la verdad. Nada más. Sígueme."
ES GENIAL!!! Mi madre odial las hormigas, no sé por qué
Pregúntale si no será por la siniestra razón que apunto al final…
Muy bueno, batiscafo!!provoca un asensación de vértigo total… con un punto de ironía que me encanta.
A ver cuándo me dejas entrar en tu blog, bribona.