Se pasó la semana sin comentar que estuve en la presentación del último número de la revista “Númenor”, por invitación de Rocío Arana.
Nunca había estado en la Academia de las Buenas Letras de Sevilla, una casa palacio de origen medieval con elementos renacentistas construida por los Pinelo.
Éramos unas cincuenta personas. La mayoría de una juventud insultante, sobre todo los poetas noveles que se estrenaban con voz palpitante y pudorosa.
En medio del bullicio consumista y frívolo, aquello tenía algo de clandestino; diría más: de conspirador. Me duró poco el rapto y me marché sin oír a Rocío declamar sus versos. En desagravio aquí queda este poema de “Pampaluna”, transcrito en una noche que bien podría ser pamplonesa.
Hay lugar para la esperanza.
PAÍS
A veces, en mi casa, cuando gritan
los perros, cuando ladran los minutos,
cuando no sé qué hacer, pero no tengo
mapas para mis manos y mis ojos,
cuando las cosas lloran su silencio
entonces, lentamente voy girando
la cara para ver tu luz de tarde.
Has venido, me tomas por sorpresa.
Como un país lejano,
una pequeña flor gritando la vida
en un camino seco, se me cuelan
tus últimas palabras, ese gesto
de mirar tu reloj en una isla,
la sonrisa perfecta, chimenea.
Te quedarás conmigo,
te mostraré mis nuevos manuscritos,
cenaremos al fin en la terraza
entre limones, viento y buganvilla,
y luego marcharás.
A veces, cuando vuelvo de tu vida
a mis manos vacías en mi cuarto,
a los perros, la tarde y la pantalla,
de pronto surges tú
de un país remotísimo, poblado
por islas y volcanes,
donde te estoy viviendo cada día.
Rocío Arana. “Pampaluna”.
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"Igual que los demás, naciste en cautiverio, en una prisión que no puedes ni oler ni saborear ni tocar. Una prisión para tu mente. Por desgracia no se puede explicar lo que es Matrix. Has de verla con tus propios ojos. Esta es tu última oportunidad. Después, ya no podrás echarte atrás. Si tomas la pastilla azul, fin de la historia: despertarás en tu cama y creerás lo que quieras creerte. Si tomas la roja, te quedas en el País de las Maravillas y yo te enseñaré hasta dónde llega la madriguera de conejos. Recuerda, lo único que te ofrezco es la verdad. Nada más. Sígueme."
Gracias por citarme… Qué pena que tuvieras que irte. ?Eres por algún acaso cabad? Si no es así dímelo, porque te he puesto en mi lista de favoritos con el fantástico nombre de “cavad, cavad, malditos”…
No vas mal encaminada. Desde luego, aquí no hay manera de guardar el anonimato…
Gracias por añadirme a tu lista de favoritos: no lo merezco (aunque el nombre con el que has guardado mi blog palía el exceso).