• Puente de mando

    Cristina Abad. Sevilla. (España)
  • Carta de navegación

  • Sin Perdón

    -Si le he dicho que no, no ha sido por que tenga marcas en el cuerpo y en la cara.

    Lo que le dije la otra mañana de que se parecía a mí no es verdad. Usted no es fea como yo, sólo que ambos tenemos cicatrices.

    Usted es una mujer muy hermosa y si quisiera un servicio gratis la elegiría a usted antes que a las otras dos. Sólo que no puedo… por respeto a mi esposa.

    -¿Su esposa?

    -Si, verá…

    -Es digno de admiración por ser fiel a su esposa. He conocido a muchos hombres que no lo son.

    -Sí, supongo que sí.

    -¿Ella vive en Kansas?

    -Sí…, sí. Se ha quedado cuidando a mis hijos.

    (William Manny -Clint Eastwood- a la prostituta marcada por dos vaqueros cobardes).

  • Morfeo a Neo en Matrix

    "Igual que los demás, naciste en cautiverio, en una prisión que no puedes ni oler ni saborear ni tocar. Una prisión para tu mente. Por desgracia no se puede explicar lo que es Matrix. Has de verla con tus propios ojos. Esta es tu última oportunidad. Después, ya no podrás echarte atrás. Si tomas la pastilla azul, fin de la historia: despertarás en tu cama y creerás lo que quieras creerte. Si tomas la roja, te quedas en el País de las Maravillas y yo te enseñaré hasta dónde llega la madriguera de conejos. Recuerda, lo único que te ofrezco es la verdad. Nada más. Sígueme."

La medida

“María le había enseñado que tener paciencia con los demás, e incluso con uno mismo, consiste en esperar a que el peso se haga insoportable, porque entonces sobreviene una victoria nueva, la increíble, la inesperada e inimaginable e impensable victoria del corazón transfigurado. Toda la sustancia del viejo corazón se transustancia en la sustancia del nuevo. Y esa victoria es el poder de lo real, la media absoluta del valor”.

Este fragmento de “El metro de platino iridiado”, de Álvaro Pombo, que leí hace muchos años, condensa toda la intención del autor y explica su título, que es un canto al bien y al amor como fundamento vital y también como motivo literario, algo poco frecuente en nuestros días.

La fortaleza y la generosidad de María encarnan la medida del amor probado en lo más duro: la infidelidad del esposo con su mejor amiga, Virginia. “Vuelvo porque los quiero”, dirá en un pasaje emocionante de la novela.

A los ojos de Martín, María se muestra como una mujer simple, vulgar y previsible, frente a la atractiva y sensual Virginia, pero al fin se resuelve como la trama sólida que sostiene a todos, el metro que mide sus egoísmos y mezquindades, el bálsamo que restaña las almas abiertas y supurantes.

Cuando ese libro vio la luz, la facultad invitó a Pombo a un café literario. Asistimos varios alumnos ávidos y devotos. Releo ahora algunos apuntes que tomé de sus comentarios sobre la figura de María, luminosos y sugerentes como pinceladas impresionistas:

“Es preciso aceptar que hay problemas en los que uno tiene que mantenerse ahí, presente, sabiendo que no hay esperanza de solución, a veces por enfermedad, a veces por la libertad de las personas que no quieren cambiar”.

“No se debe evitar a nadie la complejidad de la vida”.

“Un día yo quise que existieras. Ahí radica la riqueza del compromiso. Porque un día yo te quise como eras y porque tú sigues siendo tú, porque un día fui feliz con tu existencia, seré fiel”.

“Las personas siguen siendo ellas. Es absurda la frase: ‘Ya no es el mismo. Es otro”.

2 comentarios

  1. Quiero ser “the first to comment”, sólo para decir que me asomo a estos lares pensando que la vida te habría engullido con tu batiscafo y a cambio encuentro “esto”. Qué maravilla. Gracias. La tarde va cuesta abajo, en el buen sentido, después de estar aquí.

  2. ¡Hola, Agus! Ya ves, el batiscafo también sirve para sortear las corrientes. Como es pequeñito, se mueve con soltura.

    Me alegro de llevar pasajeros abordo. ;-)

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