El jueves a mediodía robaron en casa. Un pobre diablo, enteco y desarrapado, se llevó siete metros de tubería de gas. Por lo visto el cobre está a seis euros el kilo y andan los cacos de baja intensidad arramplando con el vil metal por el barrio.
El viernes, mientras inspeccionaba el desaguisado me topé con José -que así se llama el ladrón- encaramado y presto a descolgarse por el muro que separa mi vivienda de la del vecino. Le recriminé y le insté a regresar por donde había venido, y huyó por las calles adyacentes a bordo de una bicicleta de la que no puedo facilitar su descripción -como bien ha descrito el policía lego en su informe.
Hemos sufrido cuatro días sin gas. Y es en esos momentos cuando uno se siente un poco más hermano de Adán y Eva y considera un milagro cosas tan triviales como comer caliente o abrir la ducha y que salga agua tibia.
Pese a todo, hay que agradecer a José, de 37 años, y alcalareño de origen, que tuviera la bondad de cerrar la llave de paso antes de seccionar la tubería con su serrucho. Así, la tragedia ha quedado en vulgaridad. Tres casas más adelante dejó el gas a su libre arbitrio y no provocó una desgracia por intervención expresa de la misericordia divina.
Al hilo de este episodio me digo que los pensamientos negativos son sierpes venenosas que emponzoñan el alma; gases viciados y perniciosos que asfixian el corazón. A veces no podemos librarnos de ellos, pero no se les puede dejar sueltos y hay que aprender a reconducirlos para que no contaminen.
Dice Jacques Phillipe: “Somos tan dependientes de las personas a las que aborrecemos como de las que amamos de forma exagerada. Cuando guardamos rencor a alguien, no dejamos de pensar en él; nos inundan sentimientos negativos que agotan gran parte de nuestras energías; y se produce un ‘bloqueo’ en la relación que no nos deja ni psicológica ni espiritualmente disponibles para vivir los demás aspectos de nuestra vida”.
El fin de semana pasado estuvo marcado por mi obsesión hacia el ladrón de tuberías, pero creo haber logrado superar mi rencor después de convertirlo en personaje literario y de pasar toda la mañana de hoy en ruedas de reconocimiento y dedicada a resolver el entuerto.
Nada como acercarse al ser humano. José, 37 años, natural de Alcalá, hijo de Manuel y Antonia. Más o menos como cualquiera de nosotros.
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"Igual que los demás, naciste en cautiverio, en una prisión que no puedes ni oler ni saborear ni tocar. Una prisión para tu mente. Por desgracia no se puede explicar lo que es Matrix. Has de verla con tus propios ojos. Esta es tu última oportunidad. Después, ya no podrás echarte atrás. Si tomas la pastilla azul, fin de la historia: despertarás en tu cama y creerás lo que quieras creerte. Si tomas la roja, te quedas en el País de las Maravillas y yo te enseñaré hasta dónde llega la madriguera de conejos. Recuerda, lo único que te ofrezco es la verdad. Nada más. Sígueme."